Capítulo 46: Una Señal.

224 15 0
                                        

Atención: Este capítulo contiene temas que puede ser delicado, tales como violencia doméstica o abuso sexual, si es tu caso, te invito a saltarlo

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Atención: Este capítulo contiene temas que puede ser delicado, tales como violencia doméstica o abuso sexual, si es tu caso, te invito a saltarlo. ¡Gracias por leer!

Daniela llegó al restaurante acordado antes que Juliana, lo cual agradeció pues, tras sentarse en el lugar indicado por el camarero, se dedico a observar su teléfono, mientras su mente viajaba hasta donde fuera que estuviese su amada morena, preguntándose si estaría bien.

Una mano en su hombro la hizo sobresaltar, al voltear, se encontró con los brazos de su hermana abalanzándose sobre ella para abrazarla. La joven no había notado cuánto había echado de menos a la rubia hasta que la tuvo en frente, para Daniela esta sensación no era desconocida, siempre que estaba lejos de su familia, por alguna razón,  no se daba cuenta de cuánto les echaba de menos hasta que los volvía a tener en frente, la única persona con la que nunca le ha pasado es con Poché, por obvias razones.

-Hermanita- Juliana se apartó de ella para ocupar el lugar vacío en la mesa- Estas tan cambiada ¿Te hiciste algo en el pelo? ¡Te ves hermosa!

-Tu también te ves genial, Juli, se ve que la vida de cantante exitosa te trata bien- Dejó escapar una carcajada que fue correspondida por la rubia.

-No tanto como a ti la vida de actriz de Hollywood, ni me contestas las llamadas- La castaña sabía que Juliana nunca dejaría pasar la oportunidad de reprocharle las llamadas rechazadas- No te preocupes, seguro estabas bien acompañada- Juliana le guiñó un ojo, a lo cual Daniela negó rápidamente con la cabeza- No lo niegues, te he visto en varias revistas de cotilleos bien pegadiza con ese chico... no recuerdo su nombre... el de ojos azules...

-Juanpa- Juliana asintió al instante- Estas mal, Juli, nada que ver, somos amigos, nada más.

-¿Sigues con la mujer de la que me hablaste un tiempo atrás? ¿Has vuelto a verla al menos?

-No sé de qué me hablas- Se apresuró a contestar, aunque sabía que eso no convencería a Juliana.

Poché seguía en la habitación con Johann, aunque ahora sus mejillas ardían tras un par de bofetadas nuevas propinadas por su esposo.

-¡Déjanos ir Johann! ¡Por favor!- La morena, derrotada y sin ninguna otra esperanza, se arrodilló frente al hombre para suplicarle por su libertad- Por favor.

Johann se agachó para quedar a su altura.

-Había olvidado lo bien que hueles, querida, creo que hemos pasado demasiado tiempo separados- La levantó, tomándola del cuello de la camiseta- Nunca te dejaré marchar, ¡Entiéndelo de una maldita vez, María José! ¡Tú eres mía! Siempre lo serás.

-Entonces deja ir a nuestros hijos, yo me quedo pero déjales ir- está petición, más que ayudar, hizo enfurecer aún más a Johann, quien volvió a cruzarle la cara con la palma de la mano, lanzándola al suelo.

-¡No hay mejor lugar para nuestros hijos que aquí! ¡Grábatelo en la cabeza! ¡Somos una familia!- comenzó a patear su estómago, Poché intentó defenderse, pero fue inútil. Tras varias patadas, Johann la levantó del suelo nuevamente por el cuello de la camisa, para lanzarla contra la cama pero se detuvo en seco, para obsérvala con una sonrisa llena de satisfacción dibujada en su rostro- ¿Ves? No eres nadie sin mi, ¿Dónde está tu amante? ¿Por qué no viene a defenderte? ¿Tan poco le importas?- se dejó caer sobre ella en la cama- ¿Acaso Daniela Calle no vendrá a rescatarte?

El simple echo de escuchar el nombre de su amada ser escupido con tanto odio de los labios de Johann hizo que la furia volviera a inundar el cuerpo de Poché, que sacó fuerzas de lo más profundo de su alma para propinarle una patada en la entrepierna al hombre, y salir corriendo de la cama mientras este se retorcía de dolor. Alcanzó la puerta a duras penas, pero pronto, sus esperanzas de escapar se disiparon al notar que esta estaba cerrada con llave. Una nueva lágrima rodó por su mejilla, aunque no podía descifrar si era causada por la tristeza, la rabia, o el miedo.

-Me llevaré a mis hijos lo más lejos posible- habló el hombre, aún reponiéndose del golpe- No volverás a verlos, acabaré contigo, y con esa zorra- logró levantarse de la cama, sobando su entrepierna- No volverá a verlos un plató de grabación en su vida.

-Yo también puedo denunciarte, puedo conseguir la custodia de mis hijos- Aseguró, dejando que la esperanza volviera a su interior. Johann dejó escapar una carcajada sarcástica.

-Ningún juez le daría la custodia a una madre como tú, tienes demasiados trapos sucios esperando salir a la luz, María José- Se acercó a ella ya repuesto, para susurrarle al oído- No pienso guardarme ni uno de ellos.

Poché le empujó con rabia, alejándole de ella.

-Yo también puedo sacar a relucir tus errores, Johann, no eres una blanca paloma precisamente, eres un borracho, violento que ha estado chantajeándome todo este tiempo con la esperanza de que me quede a su lado para poder seguir ocultando lo repugnante que eres y lo poco que te quieres a ti mis...

Nuevamente, no pudo terminar de hablar. Johann se abalanzó sobre ella convertido en una fiera, el terror se apoderó de ella por completo, bloqueando cualquier intento de resistencia. Tras varios golpes, Johann la tomó del cabello, y la arrastró hasta llegar a la sala de estar dentro de la habitación, para, a continuación, lanzarla contra el sofá. Poché supo lo que estaba a punto de suceder incluso antes de que sucediera, pero su cuerpo parecía haberse paralizado, su mente quería luchar, pero siguió allí, en aquel sofá, a la merced de su acompañante, que, sin ningún tipo de misericordia, decidió herirla nuevamente, rompiendo no solo su cuerpo, sino no también su alma en el proceso.

Daniela seguía escuchando a su hermana hablar de la gira, aunque su voz parecía mas bien un eco tras sus pensamientos, pues su mente estaba concentrada en el bienestar de Poché. ¿Qué estaría pasado? ¿Ya habría logrado salir de la mansión? La castaña observaba su teléfono cada segundo, esperando alguna señal de que todo había salido bien; por alguna razón, sentía un extraño peso en su pecho que no la dejaba respirar bien.

<Llama Poché, por favor, llama> repetía en su mente, mientras comprobaba la pantalla de su teléfono una vez más.

Tras saciar sus instintos, Johann se vistió con calma, sin mostrar ningún tipo de remordimiento por lo sucedido, el único sonido que rompía el silencio de la habitación eran los sollozos ligeros de Poché. Antes de abandonar la habitación, el hombre se detuvo en el  umbral de la puerta, y se giró hacia su esposa.

-Todo este teatro a terminado, María José, no volverás a ver a esa mujer, regresarás permanentemente a Los Ángeles para estar con nuestros hijos y harás de ellos tu prioridad, o me llevaré a mis hijos, pero antes me encargaré de que tu amante termine en una fosa en medio del bosque, y que tu termines en la cárcel pagando por ello ¿Entendido?

Sin esperar una respuesta, salió dando un portazo.

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
BrokenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora