Un trabajo en común era lo único que relacionaba a Daniela Calle con la aclamada actriz Poché Garzón. Lo que nunca imaginó fue que su desdichada fortuna la llevaría directo a los brazos de la renombrada actriz. ¿Conseguirá quedarse entre ellos?
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Daniela se mantuvo en silencio todo el trayecto en taxi hasta llegar a casa, solo comprobando su teléfono de vez en cuando, por si Poché cambiaba de opinión y se comunicaba con ella. Al llegar al apartamento, y ver que la actriz no se había molestado en siquiera escribirle, la rabia comenzó a crecer dentro de ella.
¿Por qué tenía que ser todo así? ¿Por qué la vida se encargaba de separarla de la mujer que amaba?
Observó la fachada del lujoso edificio en el que vivía con Poché, y lo que menos deseó fue poner un pie dentro. ¿Para qué iba a hacerlo? Ella no necesitaba los lujos que encerraba ese lugar, solo necesitaba a Poché, y, sin ella allí, no veía porqué entrar.
-Srta. Calle ¿Se encuentra bien?- Habló el guardia de seguridad de la entrada del edificio.
Daniela asintió antes de darse media vuelta hacia la calle, dispuesta a dar un paseo. Recordó la primera vez que salió a caminar por aquellas calles, a Poché casi le da un ataque al corazón por su escapada. Esta vez sería diferente, nadie vendría a buscarla.
Poché seguía envuelta en llanto cuando sintió que la puerta de la habitación crujió al abrirse, dando paso al causante de todos sus males.
-¿Por qué me miras así, María José? ¿Acaso viste al diablo?- Desde lejos se notaba su ebriedad.
-Lo estoy viendo en este instante- Poché enjugó sus lágrimas, la rabia que le causaba la presencia de Johann allí era tan fuerte como el dolor que sentía por todo lo sucedido.
-Es tu culpa ¿Sabes? Podrías haber cooperado y todo habría sido sencillo- La actriz, sin pensarlo, le lanzó el teléfono a la cabeza pero este fue capaz de esquivarlo- ¡Quieres calmarte! ¿Qué clase de bestia eres?- Poché dejó escapar una leve carcajada sarcástica.
-¿Hablaremos de bestias ahora? Porque tú me ganas, tú le ganas a todo el mundo- Johann se acercó a ella y la tomó del brazo.
-Soy capaz de cualquier cosa por defender nuestra imagen- Le susurró al oído.
-No me lo tienes que jurar, ya me lo has demostrado- la voz de Poché era casi imperceptible, Johann liberó el agarre.
-Entonces has lo que te digo, aléjate de esa zorra lo antes posible, o yo me encargaré de destruirla- El hombre se dejó caer en el sofá con calma, Poché asintió rápidamente.
-Lo haré, en Japón, no volveré a acercarme a ella pero por favor no le hagas daño- las lágrimas amenizaban por volver a rodar por su rostro mientras la sensación de derrota la inundaba.
-¿De verdad la amas tanto que estás dispuesta a dejarla ir?- Poché asintió rápidamente- Que patética eres- Dicho esto, Johann se dirigió a la puerta de la habitación- Espero que culpas tu palabra, María José, no quiero tener que arreglar yo este asunto, aunque, quién sabe, tal vez no sea mala idea acercarme a Daniela Calle, a fin de cuentas, es todo menos fea.
Esas palabras aterrorizaron a Poché más que cualquier cosa en el mundo, la simple idea de que Johann maltratará a Daniela la hizo temblar, se lanzó contra la puerta con las pocas fuerzas que tenía, pero Johann la cerró antes de que ella llegara, provocando que se estampara.
-¡Eres un maldito asqueroso Johann!- Gritó a pleno pulmón- ¡Si te acercas a ella te mato!
Las siguientes semanas fueron extrañas para Daniela; no había querido regresar al apartamento de Poché, por lo que había estado viviendo en su apartamento, en medio de remodelaciones, con gente entrando y saliendo a todas horas, por lo que pasaba prácticamente todo el día fuera, contando solo con la compañía de su fiel amigo JuanPa, quien se había mantenido firme a su lado mientras ella se desesperaba por el silencio de Poché. La castaña había perdido la cuenta de cuántas veces JuanPa la había detenido en sus intentos de viajar a Los Ángeles a pesar de las palabras de la morena, o de enviarle un mensaje; pero ahora la esperanza volvía a colarse en el interior de la joven, quien veía las horas pasar lentas en aquel avión que la llevaba a Japón, y, por ende, a su inminente encuentro con la actriz.
Poché se encontraba empacando lo poco que necesitaría para marcharse al país asiático al día siguiente, aunque más que esperanza, lo que la inundaba era la horrible sensación del dolor y la derrota. Tras lo sucedido, Johann la había dejado en paz, por lo que aprovechó para recuperarse y pasar tiempo con sus hijos, ahora su cuerpo estaba nuevamente intacto, pero su alma estaba un poco más rota cada día. Ahora debía encontrar la manera de alejar a Daniela para siempre de ella, cuando lo que más deseaba era estar entre sus brazos, sabía que todos sus males podrían remediarse con tenerla cerca, con volver a sentirla, pero eso no volvería a pasar, pues no podía permitir que Daniela corriera peligro, no importaba que pasara con ella, solo imperante es que Daniela y sus hijos estuvieran bien.
Su teléfono vibró en su bolsillo, anunciando una llamada de su médico, al cual había acudido tras unos continuos malestares que no la habían dejado en paz. La realidad era que le importaba poco su salud, pues en realidad, la muerte le parecía un placer que desearía encontrar, quizás eso sería lo único que calmaría su dolor.
-¿Bueno?
"María José, que bueno encontrarla, ya tengo los resultados de los análisis que le realizamos"
-¿Todo bien?- Se dejó caer en la cama, a la espera de que el doctor continuara su charla.
"Felicidades, está embarazada"
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