64. Alto

462 53 1
                                        

Parece que el tiempo que estuve sin él fue más que unos simples minutos, a pesar que fue una semana y media, yo siento como si hayan pasado años. Por eso cuando cierran la puerta y nos dejan solos, espero a que venga conmigo y me abrace con aquella sonrisa que tanto adoro, porque sí yo pudiera hacerlo lo haría. Pero no, mis ilusiones caen de picada cuando camina tan lento que es agonizante y, cuando al fin llega a mi, no me toca.

¿Por qué nadie me toca?

- Al fin se te dio por despertar - toma asiento en una silla junto a mi.

- ¿Qué tan grave estaba para que haya tardado? - intento que, con esta indirecta, entienda que no fui yo la que quiso tardar.

- Un disparo en la parte superior derecha del abdomen y un golpe considerablemente fuerte en la cabeza fue suficiente para mantenerte en una lucha entre la vida y la muerte una semana.

- Estás enojado - no se lo pregunto, no está vez, porque se nota a leguas que sí lo está.

Suspira viendo a otro lado.

Lo analizo, esta bien, su cabello como siempre un poco despeinado por lo rebelde que es como el dueño, su piel blanca sin ninguna marca y bien perfumado. Aquella camisa con sangre ya no está, en su lugar está una camiseta negra simple, pantalones y botas militares del mismo color. Por un momento, pensé que estaría mal, pues yo estuve apunto de morir, pero veo que no, lo sobrellevó muy bien.

Y, vaya, Dololi regreso.

- ¿Qué es sutura microorganica? - toso un poco por hablar y la misma fuerza que hago al toser hace que me duela la garganta, pero me obliga a que coloque mi mano sobre mi abdomen que me ardió aún más por el brusco movimiento.

- ¿Cómo se te ocurre toser teniendo herido el abdomen? - me recrimina poniéndose de pie.

Quiero llorar.

- ¿Puedo tomar agua? - odio como suena mi voz de rasposa.

- ¿No te han dado?

Va a una mesa que está a un lado de la habitación.

- No he pedido - intento sentarme pero me rindo al sentir el primer tirón de dolor.

- Quédate quieta - regresa a mi lado con una botella de agua - unos pocos sorbos.

Entonces presiona un botón.

No sé dónde exactamente presiono, pero la camilla comienza a moverse tan despacio que ayuda a no sentir un dolor tan intenso. No quedo sentada, pero sí lo suficiente para evitar que me ahogue. Dierik me da la botella ya abierta y yo doy tragos tan despacio que el alivio se siente demasiado bien, me hubiera gustado terminar todo el liquido, pero ya me advirtieron que no y no quiero enojar más a quien esta a un lado mío.

Le devuelvo la botella.

- Gracias - ya me escucho mejor.

- La sutura microorganica es un prototipo exclusivo del CESE - cierra la botella, ignorando mi mirada y respondiendo mi anterior pregunta - en vez de usar aguja e hilo que tarda semanas en curar, utilizamos la sutura microorganica.

- ¿Y en qué consiste?, lo vería por mi misma si no tuviera una bata y, creo, vendajes.

- Sí, estás vendada - sus ojos verdes se dirigen a mi abdomen - esta sutura consiste en una tela muy fina con microorganismos que unen la piel en cuestión de horas, el resultado final tarda dependiendo el tipo de herida.

¿Hasta donde llega la tecnología aquí?

- ¿Y por qué el vendaje? - frunzo el ceño.

- Para prevenir infecciones, después de todo sigue siendo una herida.

AtracciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora