16. Gatito

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No he salido del pequeño pueblo de Ojai, desconozco mucho del mundo actual y eso parece colmarle la paciencia a mi acompañante, dueño y guía del edificio; es enorme, cincuenta pisos especializados para brindar seguridad, aunque no veo muchos agentes por aquí, más que todo personas que van y vienen con papeles. A veces siento que esto más que todo es solo una empresa como cualquier otra, parece ser una fachada.

Pero solo he visto tres pisos de cincuenta.

— Por último, el gimnasio — Dierik sonríe al ver que me quedo sin palabras.

— ¡Ale! — el grito de Dafne me ayuda a ubicarla sobre el cuadrilátero donde boxea con Abraham.

Es enorme.

Quizá es más grande que toda la cuadra donde he vivido mis 19 años, hay máquinas de diferentes tamaños y múltiples usos, las áreas están organizada por la maquinaria necesaria para cada parte del cuerpo; el suelo es de cemento, para que los zapatos no deslicen con facilidad y las columnas están rodeadas por colchones, inmediatamente entiendo que es para poder golpearlas sin causarse daño, el aire acondicionado ayuda a no sentir un calor asfixiante y el aromatizador alivia mucho el ambiente.

Mi amiga ya está frente mía con una sonrisa.

— ¿Viniste a ver cómo Abraham y yo pateamos las bolas de Die? — su sonrisa de burla me hace reír.

— Ya quisieran — su hermano enarca una ceja acompañado de una media sonrisa que es como un balde de agua fría para mi corazón ardiendo.

Definitivamente el ego de Dafne caerá.

— ¿Entrenarás? — volteo a ver a quién ya le estoy tomando confianza.

— Sí — asiente y me jala hasta posicionarme frente al gran cuadrilátero, justo como en una película, tiene una base alta con las cuerdas rodeando los cuatro postes — no hay nadie más aquí, solo nosotros, no tengas miedo.

— No tengo miedo — digo con sinceridad, no por lo que ya sé, sino porque él está aquí.

— Muy bien — sonríe satisfecho y no entiendo porqué — ya vengo.

Los retadores viene riéndose cuando él se va.

Dafne está vestida por leggins color celeste que se acoplan muy bien a sus piernas delgadas pero bien torneadas, un top a juego con la parte inferior de la vestimenta es lo que cubre su pecho y el moño que se ha hecho deja escapar ciertos mechones; Abraham lleva una pantaloneta color gris, que llega justo arriba de sus rodillas y le queda un poco flojo, algo muy conveniente tratándose de boxeo, una camiseta blanca ya sudada es la fiel compañía de sus pectorales.

Ambos ya han calentado lo suficiente.

— ¿Die te dio el recorrido? — mi amiga se apoya contra la base del cuadrilátero.

— Sí, pero, ¿por qué no miro mucho movimiento aquí?— estoy dispuesta a buscar la respuesta.

Ella asiente con una sonrisa.

— Mira, el CESE es una empresa muy importante para cualquier organización de seguridad — Abraham mantiene su distancia conmigo — de hecho, sin nosotros, no servirían de nada.

— Y por ello hay muchos enemigos que quieren destruir de raíz su mayor peligro, por eso debemos tener cuidado — Dafne me guiña un ojo.

En conclusión, ¿fue una indirecta?.

— Pero igual aquí vienen algunas veces los agentes — continua Abraham — el gimnasio es lo que importa.

— Ya puedo darme una idea del porqué — no puedo evitar volver a recorrer con la mirada el gimnasio.

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