La rara sensación en mi estómago ya empieza a preocuparme, quizá deba ir al doctor a que chequen el porqué Dierik me provoca tanto este... ¿movimiento?, ¿seré alérgica a él?, vamos nuevamente en su lujoso carro y el olor a su shampoo inunda el aire; al llegar al edificio, igual de costoso, otra oleada de nervios empieza a ponderarse de mi.
Él y yo, solos en un su apartamento.
— Entremos — dice mientras paga el motor del automóvil y baja.
— ¿Por qué no vives aquí? — frunzo el ceño bajando yo también.
— Iba hacerlo — explica cuando caminamos al ascensor — estaba por regresarme a Los Ángeles.
— ¿Ibas a hacerlo? — ese, ya familiar, dolor en el pecho se pronuncia con fuerza al imaginarme sin él cerca — ¿ya no?
Él niega sonriendo cansado.
Ya dentro del cubículo, vuelve a poner una contraseña y ya me parece normal toda la seguridad que tiene, de hecho, si yo fuese él también tendría esa precaución, creo que por ello está tan agotado, se nota en sus ojos lo cansado que está; las puertas se abren y mis pupilas deslumbran ante un recibidor del tamaño de mi casa, a mi izquierda hay un pequeño salón, supongo para recibir visitas ya que contiene unos pequeños pero finos sillones y una mesa de centro, todo son tonos gris y blanco brillantes, hay ciertas pinturas de colores opacos, aún así, le da un toque más colorido.
El ascensor cierra tras nosotros.
Los pisos son de mármol grisáceo, un balcón el cual se extiende de pared a pared del edificio se ve al fondo de la sala, ésta es decorada con sillones de cuero negra, una televisión gigante abarca la columna ancha donde está ubicada una chimenea igual de carísima; y sí, todo este lugar grita los miles de dólares qué hay aquí invertidos, hay algunos muebles decorativos en tonos gris, lo único blanco son las paredes.
Dierik ríe.
— Ve, camina por el lugar — me ofrece y yo volteo a verlo — debo hacer una llamada, no tardaré.
— Está bien — asiento y él se aleja.
Camina por un corredor.
Acepto gustosa la sugerencia que dió, mis pies se deslizan por el impecable mármol, viendo así a mi derecha unas gradas en espiral del mismo material que el piso, sin embargo, no hay barandas; hay dos pasillos, uno es por donde se fue Dierik, el cual está a mi izquierda y el otro está a mi derecha, frente a las gradas y desconozco su utilidad, así que me dirijo ahí, encontrándome con una cocina de último modelo, todo con la tecnología más avanzada y seguramente con electrodomésticos que ni han salido al mercado.
Este sería el sueño de cualquier ama de casa.
Gris y blanco, todo está área de la casa está igual en tonalidades, paso mis dedos por el gran desayunador de cuarzo exclusivo y puedo oler a un desinfectante muy exquisito de vainilla; al fondo de la cocina, después de otra isleta, un comedor se extiende por todo lo largo del resto del lugar, una mesa para aproximadamente diez personas está perfectamente limpia y ordenada.
Dios, este chico parece tener el dinero del mundo.
Salgo por una puerta diferente, está es cuadrada y ancha, regreso al pasillo justo donde inicia las escaleras, aunque no subo, no he terminado de curiosear aquí; vuelvo a la sala y voy al balcón, el cual es gigantesco como todo lo demás, el piso es de madera y una piscina con jacuzzi es lo único que irrumpe en el suelo perfecto, aunque le da un bonus extra a este lugar que se extiende de lado a lado del edificio.
Cuando sea grande quiero ser como Dierik.
— ¿Disfrutando la vista? — su voz a mis espaldas me hace sonreír.
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Atracción
RomanceLa chica con androfobia y con los padres más estrictos del pueblo, seguirá con su vida monótona y con reglas... pero todo cambia cuando lo conoce a él. Alesara seguirá intentando ser la hija perfecta hasta que una catástrofe haga que su curiosidad...
