9. Drama

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Dafne

Una presa, en eso se a convertido mi mejor amiga, en un débil y llamativo animalito, o así es como Adrian Taylor la ve, sabemos que cumplirá su palabra pero como dije en la cafetería, no permitiré que mi mundo les haga daño; aún seguimos en el carro de Die, hace un tiempo que había dejado de llover, sin embargo, ha vuelto a comenzar pero muy suave.

Necesitamos un plan.

— Debemos proteger a Ale — murmuro en el silencio — Adrian podría repetir esto.

— No solo él, mi padre también se mira muy deseoso de arruinar a los Klesler — puntualiza Abraham.

— Yo tengo una idea — Die no aparta su vista del camino — díganle a la niña y que su padre le ponga guardias, listo.

— Sabes que eso no es suficiente para detener a Adrian — lo miro confundida.

¿Solo guardias?

— Dafne, no sabes que hizo Alesara para llamar la atención de ese idiota — suspira cansado y yo quedo sorprendida — ningún hombre se obsesiona sin razón alguna, por muy insignificante que haya sido la acción de la chica.

— ¿Te volviste loco? — digo sintiéndome ofendida por mi amiga — ella apenas cruza una palabra con un chico y es solo para alejarlo.

— ¿Estás segura? — me mira a través del retrovisor — conmigo cruzó más de una palabra.

— Die, no sé porqué — Abraham también defiende a Ale — pero ella sí les tiene miedo, incluso a vos, no sabemos cómo vaya a reaccionar cuando te vea otra vez y sé de cuenta que la secuestraron por seguirte, además, tu trato hacia ella fue del carajo.

Todos quedamos en silencio.

Eso me da aún más miedo, ¿cómo va asimilar esto Alesara?, seguramente no querrá juntarse conmigo nuevamente y la entenderé, sé que no fue nada bonito estar ahí, aunque solo fueron unas horas, estoy consciente que fueron horribles; Abraham y yo nos vemos a los ojos, comprendiendo que esto se ha vuelto una guerra para su familia, nunca han recibido un "no" a una orden, tampoco han tenido que dejar ir a un tesoro tan fácilmente.

El mayor de los hermanos Taylor asiente.

— Vamos a protegerla — comenta firme — no voy a permitir que Adrian se lleve otra vida más.

— Yo también me uno y Fernanda obviamente estará de acuerdo — comento recordando a la chica que espera en mi casa.

— No puedo creerlo — Die ríe levemente — ya fui por ella, ya cumplí con mi parte, no esperen más; ahora, dejen de lado su partido para apoyar a la niña, ¿a dónde vamos?

— No podemos llevarla a casa — la observo toda herida y me imagino la reacción de sus papás.

La regañarían a morir.

— ¿Entonces? — mi hermano parece desesperado.

— Vamos a tu casa — opina Abraham y yo niego varias veces.

— No, la perra está ahí y no voy a permitir que Alesara la conozca — pongo mis ojos en blanco y Die sonríe.

— ¿Ya regresó Mariana? — sus ojos destilan lujuria.

AtracciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora