Capítulo 77

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Capítulo 77: las consecuencias

Kirishima corría entre los soldados y los demonios, esquivando todo tipo de ataques sin saber a dónde se habría dirigido Katsuki. No obstante, una segunda explosión proveniente del mismo lugar que la primera le confirmó que el cráter era el lugar indicado y corrió hacia allí mientras una inmensa nube de miasma aparecía en el aire, y tras ella, la figura diabólica del rey de los demonios

Eijirou sintió un nudo en la garganta mientras observaba el cielo, donde una tormenta de oscuridad se gestaba alrededor de aquel monstruo. 

– No puede ser...– musitó, pálido de miedo.

Porque si ese era el rey de los demonios, significaba que había conseguido la sangre de Bakugou. Sin perder un segundo y presa del pánico, siguió corriendo a toda velocidad, con el corazón lleno de preocupación y desesperado por descubrir qué había ocurrido con su rey y con el resto.

Finalmente, llegó al cráter y vio a Mirio y a Nejire de espaldas. Los llamó con urgencia, y al girarse, Togata dejó al descubierto el cuerpo inerte de Izuku, el cual aún cargaba en sus brazos. Kirishima se detuvo una vez más, incapaz de creer lo que sus ojos presenciaban.

– No...– susurró con incredulidad, su voz estaba cargada de dolor y desasosiego. 

No podía ser verdad

Pero junto a la incrediulidad, una nueva pregunta apareció en su mente: ¿dónde estaba Katsuki?

Como si la dragona le hubiera leído la mente, en ese instante, Nejire, temblorosa, señaló hacia el cielo y dijo con voz entrecortada: 

– Ahí arriba... 

Eijirou lo comprendió al instante. Katsuki se había enfrentado al rey de los demonios en solitario, desafiando todos los peligros posibles tras la pérdida de su destinado. Un escalofrío recorrió su espalda mientras se preparaba mentalmente para lo que encontraría allí arriba, pues él subiría sin dudarlo a ayudar a su rey.

– ¡Ni se te ocurra! – ordenó Mirio, percatándose de sus intenciones.– ¿Es que lo has olvidado? ¡No puedes transformarte en dragón!

Kirishima cayó en cuenta entonces de que era cierto, y apretó los puños con fuerza. ¿Porteger a su destinado o a su rey? ¡¿Qué clase de prueba era esa?! ¿No podía hacer nada? ¡¿No podía más que mirar?!

Abrumado por la tristeza y la angustia, se dejó caer de rodillas al suelo mientras su voz se ahogaba por los sollozos. 

¿Por qué debía Bakugou hacerle frente solo? ¿Por qué los dragones habían sido maldecidos por el temor a perder a sus destinados? Kirishima se sentía inútil y miserable, incapaz de hacer nada, hasta que, de pronto, notó un movimiento en uno de los dedos de Izuku.

Al principio, pensó que era solo una ilusión causada por el dolor y la desesperación que lo embargaban, pero se frotó los ojos con fuerza y se dio cuenta de que no estaba equivocado. Midoriya estaba moviendo las manos.

El impacto fue tan fuerte que Kirishima cayó hacia atrás, atónito, mientras señalaba frenéticamente hacia el cuerpo del peliverde, buscando la atención de Mirio y Nejire, quienes también lo observaron con asombro.

Estaba... Realmente estaba...

Entonces, los ojos de Izuku se abrieron lentamente, revelando una mirada débil pero determinada, y los tres dragones no supieron qué sentir, si alegría o terror.

– ¡Mi-Midoriya! – exclamó Kirishima, mezclando alivio y sorpresa en su voz.– ¡Estás... Estás vivo!

Togata se agachó para que Izuku pudiera sentarse en el suelo y el pecoso asintió débilmente y luchó por levantarse, apoyándose en sus codos. A pesar de su debilidad, su determinación era innegable.

Dragon king (KATSUDEKU)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora