Capitulo 55

182 21 4
                                        

Narra Bella

​Siento que floto.

​El aire a mi alrededor es denso, plomizo, cargado de una pesadez química que me adormece las extremidades y me sepulta la conciencia bajo un agua turbia. Siento tanto dolor... ¿por qué acabamos de este modo?
¿Por qué?
Solo... solo quiero ser feliz, quiero ser libre.

Quiero salir.

​Tengo frío. Mucho, demasiado. Un hielo agudo y punzante que se me cuela en los huesos, que me rasga la piel desde adentro.

​¿Dónde estoy?

​Estoy en un baño. Sí, lo recuerdo... estoy en el baño de Carlos. Estoy en la mansión de Carlos.

​Me arrastro sobre el mármol congelado hacia la puerta, deseando, anhelando con todas mis fuerzas salir de aquí, escapar y no verlo nunca más. El cuerpo me duele en cada coyuntura, en cada músculo magullado.

​Por favor, salvenme. Por favor.

​-Carlos, por favor déjame salir. Déjame salir, quiero irme. Hace mucho frío, por favor...

​Lo hago en automático. Cada gesto, cada suplica y cada palabra brotan como un eco que repito desde hace años. Pero en medio de este trance inducido por la droga que me metió en el cuerpo, una chispa de lucidez se enciende en mi mente: esto no es normal. Para nada. No es normal que me encierre, que me golpee y abuse de mí. Esto no... no me gusta. No quiero seguir con esto. No puedo más. ¿Por qué tengo que aguantar?

​-Carlos, por favor...

​Pero de un momento a otro, lo tengo encima de mí. Se siente el peso bruto de su cuerpo, embistiendo con fuerza. Siento sus manos aferrarse a mis caderas, sus dedos hundiéndose en mi piel dolorida mientras de su boca salen gruñidos de un placer demente.
​
-¡Basta, me duele! ¡Me arde, Carlos!

​Solo recibo una bofetada seca. Mi mejilla arde en fuego. Las lágrimas caen sin poder contenerlas y me aprieto los labios con rabia, mordiéndome hasta sangrar para callar mis propios gritos.

​Duele.

Duele.

Duele.

​¡Para!

¡Para ya!

¡AH!

​-¡Para! ¡Basta!

​El grito me desgarra la garganta al abrir los ojos de golpe. El techo de la habitación de la mansión se abalanza sobre mí. El sudor frío me baña entera, pegándome la ropa al cuerpo.

​-No quiero, por favor... -mi garganta me quema, la voz me sale rota, aguada, como una flauta desafinada que se quiebra al aire-. Por favor... -siento que el oxígeno no entra, que mis pulmones están llenos de arena.

​-Bella, amor, despertaste...

​La figura de Carlos se inclina sobre la cama. Sus manos se extienden hacia mí.
​-¡No me toques! ¡No te atrevas a tocarme!

​Me impulso hacia atrás con un pánico salvaje. Bajo de la cama de un salto, descalza, con la mente zumbando por el efecto residual del sedante. Mi único instinto es la huida: quiero salir de la habitación. Corro hacia la puerta, pero en un par de zancadas la figura de Carlos me intercepta. Sus brazos me sostienen, su agarre firme intenta contener mi colapso.

​Solo quiero salir. Solo quiero gritar.

​Siento un fuego por dentro que me consume las entrañas. No puedo respirar. Mierda. ¡Mierda! Respiro agitada, a bocanadas violentas, como si hubiera corrido kilómetros sin parar.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 5 days ago ⏰

¡Añade esta historia a tu Biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

El Peso De Mi ObsesiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora