Cuando la conoció —cuando dejó de ser una silueta en la lejanía para hacerse real y tangible frente a sus ojos— intentó llevarse bien con ella, agradarle. Diana no se unió al equipo de vóley para hacer amigos, pero eso no iba a impedirle ser amable con el resto de chicas.
Se llevó una ingrata sorpresa cuando Úrsula rechazó todos sus intentos de amabilidad. La molestó mucho. Tuvo muchas ganas de señalarle lo maleducada que estaba siendo.
Sin embargo, abogó por la comprensión. Hizo lo que a su padre le gustaba que se hiciera cuando alguien se estaba portando como un completo imbécil. Fue cordial.
—Creo que no me escuchaste...
—Lo hice.
Úrsula no la estaba mirando. No le interesaba. Tenía la espalda bien recta y el mentón en alto. Daba la impresión de que todavía estaba usando su corona. Diana ignoró la descortesía.
—Me uní al equipo hace unos días. Soy Diana, espero que nos...
—Muy bien, Dianita —la interrumpió Úrsula con brusquedad—. ¿Qué se te ha perdido por acá? ¿O quieres que te haga una fiesta de bienvenida?
Diana respiró hondo. Úrsula se río por lo bajo, regodeándose de haberla dejado tan pasmada que no supo cómo responderle.
Alicia se la llevó al otro extremo de las gradas antes de que pudiera ponerse a su nivel, como susurró mientras se alejaban.
—No le hagas caso. No pierdas tu tiempo con ella —le recomendó Alicia con mucha razón—. Es antipática con casi todo el mundo. Es contada la gente que le cae bien.
—¿Y cómo hacen para aguantarla? —preguntó Diana, sin quitarle los ojos de encima. Dalila se le había unido a Úrsula y estaba peinando su cabello con las manos mientras la escuchaba.
Sus miradas se encontraron. Úrsula arrugó la nariz y luego se río de algo que dijo Dalila. Diana respiró hondo.
—Fingimos que estamos sordas cada vez que la vemos abrir la boca —respondió Sandra.
Sandra era la integrante más joven del equipo. Apenas había terminado a la secundaria el año pasado. Jugaba de líbero y lo dejaba todo en la cancha.
—¿Y funciona?
—¿Dónde estaríamos si no? —replicó Alicia.
—Es insoportable. ¿Por qué la aguantan?
A Alicia le dieron ganas de confesarle que Úrsula ni siquiera había empezado a ser molesta, pero no quería que Diana las abandonara tan pronto. Le gustaba su honestidad y lo comprometida que estaba con el equipo. Lucía ya le había asegurado —después de darle una descripción poco detallada que la había dejado muy insatisfecha— que no la decepcionaría.
—Porque juega muy bien y nos ayuda a poner a prueba nuestra paciencia. Todas ganamos —añadió Alicia con ironía.
El entrenador llegó después de cinco minutos. Las hizo dar dos vueltas a la cancha antes de mandarlas a calentar. Úrsula no dejó de quejarse sobre lo estúpido que era. Fue la última en llegar y se tumbó en el suelo con los brazos abiertos y dando respiraciones profundas. Se sentía como si hubiera corrido diez kilómetros en una maratón.
Diana no podía quitarle los ojos de encima. En aras de la sana convivencia en el equipo, iba a darle otra oportunidad para empezar de nuevo.
Después de casi una hora de prácticas que las dejaron a todas con los brazos entumecidos, el entrenador las dividió en dos equipos de cinco personas cada uno. Fue a sentarse en las gradas mientras las dejaba prepararse.
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La estrella y la luna | GL
RomanceDespués de terminar una intensa relación de tres años, Diana Beltrán elige integrarse al equipo femenino de vóley de su universidad. Todo va de maravilla hasta que la convivencia con Úrsula Cano, una de sus compañeras de equipo, se hace insoportable...
