Capítulo 16

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Después de una victoria y una derrota, los nervios estaban a flor de piel. Tenían los mismos puntos que la Nacional de Trujillo y la Amazonía Peruana. Con esos resultados, bien podrían estar en el cuarto lugar como en el sexto.

Su posición era, evidentemente, delicada, y eso las tenía a todas muy inquietas. Entre el frío y la tensión en el ambiente, no pudieron tener un descanso apropiado. Antes de que se dieran cuenta, el sol ya había empezado a salir.

Una hora después, la mayor parte del equipo ya estaba sentado en las mesas del restaurante, esperando el desayuno. Diana habría preferido saltárselo —no tenía ni una pizca de hambre—, pero sabía que no iban a permitírselo. Las necesitaban a todas bien comidas y bebidas, aptas para jugar el partido más importante del año.

Cuando estuvieron en el bus, ocurrió algo sorprendente: Úrsula fue a sentarse con ella. Diana la miró de reojo, sin saber que pensar o decir. No habían cruzado palabras el día anterior. Úrsula había estado muy dispersa todo el día, Diana se preguntaba por qué...

—No vayas a cagarla.

—No voy a hacerlo, puedes quedarte tranquila —terció Diana, sosteniéndole la mirada con determinación. Úrsula tenía que entender de una vez que quería eso tanto como ella.

—Entonces, estarás de acuerdo con el plan. Pásame todas las pelotas a mí y deja que yo lo haga todo. Haz algunas fintas para confundirlas, podría funcionar...

Diana se relamió los labios.

—Ya te había dicho que ese es un plan ridículo.

Úrsula bufó.

—¿Qué hacemos, entonces?

Todavía no se acostumbraba del todo a que Úrsula la viera como una aliada y no como una rival a la que tenía que aplastar a como dé lugar. Era un cambio bastante significativo y desconcertante, pero les estaba trayendo —dentro de todo— muy buenos resultados.

—Escuchar a Hugo.

—¿Tú lo asuntas?

Diana se encogió de hombros. Por lo general, su entrenador les quitaba un par de minutos nada más bajar del bus para hablarles de su nueva e infalible estrategia. Hablaba con tanta pasión que era imposible tomarlo en serio, pero a veces daba muy buenos consejos. Diana le dijo eso y Úrsula sonrió de incredulidad.

—Lo escuché decir que vamos a arrancar porque Dalila sigue un poco sentida y, de todas maneras, él cree que tú y yo hacemos un buen equipo —añadió con escepticismo. Diana asintió.

—Es muy optimista.

Úrsula frunció los labios y la miró largo y tendido por interminables cinco segundos.

—Pero te lo tienes que creer —murmuró. Se quedaron en silencio. A Úrsula le estaba costando mucho explicar su punto y Diana no hizo nada para presionarla, solo la miró y esperó—. Es nuestra última oportunidad para clasificar y yo realmente quiero esto. No lo puedes arruinar.

Diana sonrió. Fue inevitable. Eran un equipo y, por el bien de todas, debían actuar como uno, pero Úrsula siempre se aseguraba de que las cosas se traten solo de ella. Su actitud le habría fastidiado mucho más una semana antes, pero ya no era el caso. Ahora, solo le daba gracia.

—Respira y tranquilízate. No voy a arruinarlo, my lady —dijo. Úrsula levantó una ceja y no dijo nada más.

...

Llegado el momento, Diana lo habría dado todo por quedarse sentada en la banca y no sentir los ojos del mundo sobre su espalda.

El complejo deportivo estaba lleno a rebosar porque era el último día y había muchas cosas en juego. No eran las únicas que iban a disputarse su clasificación a la etapa nacional. Las expectativas estaban por las nubes.

La estrella y la luna | GLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora