Estaba lista para irse desde las seis de la mañana, si era sincera. Los nervios no la habían dejado dormir mucho más.
Volvió a repasar el contenido de su mochila solo para matar el tiempo: estaba segura de que lo llevaba todo. Se bañó antes de las ocho. Desayunó antes de las nueve. Y antes, mucho antes de las diez, estaba en una bodega terminando de comprar algunas de las cosas que sabía que a Úrsula le encantaría recibir.
Le sobraban veinte minutos. Condujo despacio por la avenida con toda la intención de perder el tiempo para luego estacionarse una cuadra antes de la casa de Úrsula y esperar. Entonces, se le cruzó una floristería y se le ocurrió que a Úrsula también le encantaría recibir un ramo de rosas. No lo pensó mucho más y bajó a comprárselo.
Estaba mucho más nerviosa ahora. Tener el ramo de rosas en el asiento de copiloto era una confirmación de la osadía que pretendía hacer. Ya no podía hacer pasar ese como otra inocente cita para conocerse. ¿Seguían necesitándolo? En lo que respectaba a Diana, ella podría contarle a Úrsula quien era si es que algún día lo olvidaba.
Cinco minutos antes de las diez de la mañana, volvió a encender la camioneta y acabó con la escasa distancia que la separaba de la casa de Úrsula. Muriéndose de nervios, tocó el claxon y esperó.
Úrsula salió de la casa. Estaba muy feliz y no lo podía ni disimular. Cuando abrió la puerta del copiloto, Diana lamentó no haber tenido la delicadeza de levantarse para hacerlo por ella. Su reina no merecía un trato diferente.
—Te estabas demorando... ¡Ah!
Los ojos de Úrsula se iluminaron cuando descubrió el ramo de rosas sobre el asiento. Úrsula lo tomó y luego levantó la ceja y sonrió y miró a Diana.
—¿Es para mí? —preguntó.
—Por su-supuesto que sí-sí.
¡Entonces pasó algo maravilloso! Úrsula subió a la camioneta, cerró la puerta, y, apoyando las manos sobre el muslo de Diana para tener algo de lo que sostenerse, le dio un beso en la mejilla.
Fue inocente e improvisado. Luego se sentó y se rio y tiró su mochila a los asientos de atrás y dejó el ramo sobre sus muslos y se abrochó el cinturón.
Diana todavía no salía de su ensoñación. Úrsula tuvo que intervenir.
—¿Aquí nos vamos a quedar todo el día?
—No-no —respondió Diana. Tragó saliva—. Ya... ya nos vamos.
Manejó muy despacio por la calle adyacente a la avenida mientras intentaba tranquilizarse. Era un poco humillante que Úrsula podía atontarla con tan poco, pero no le gustaría si fuera de otro modo.
—¿Quieres...? —Su voz apenas se escuchó. Diana tosió mientras Úrsula se reía entre dientes. Estaba disfrutando todo—. ¿Quieres poner música?
Hasta ese momento, la radio estaba puesta en una emisora al azar que se la había pasado reproduciendo música de todo tipo. Diana ni le había prestado atención a la mitad de las canciones, pero había querido escuchar algo solo para no estar sola con sus pensamientos.
Úrsula no se hizo de rogar.
—Bueno. ¿Qué quieres escuchar?
—Lo que tú quieras.
—Especifica. Al toque. O... ¿Te gusta La Oreja de Van Gogh? ¿Grupo 5 o Agua Marina? ¿O prefieres escuchar a One Direction?
—Eh...
Tuvieron una apasionada discusión sobre música que le permitió a Diana recuperar un poco de la confianza que había perdido. Cuando se acabó, Úrsula —que había asociado su celular a la pantalla de la camioneta— reprodujo La Playa. Estuvo cantando a todo pulmón mientras que Diana la escuchaba. A veces, aprovechaba que no había mucho tránsito y la miraba de reojo.
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La estrella y la luna | GL
RomanceDespués de terminar una intensa relación de tres años, Diana Beltrán elige integrarse al equipo femenino de vóley de su universidad. Todo va de maravilla hasta que la convivencia con Úrsula Cano, una de sus compañeras de equipo, se hace insoportable...
