Capítulo 10

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Estefany vio a Úrsula golpear con los codos a Diana y supo lo que estaba a punto de pasar. Solo esperaba que ese fuera su día de suerte.

Diana se dio la vuelta, más furiosa de lo que alguien la hubiera visto jamás, y fue tras Úrsula.

Úrsula la estaba esperando.

Pero Gianella lo arruinó todo poniéndose en medio de ambas y tomando a Diana del brazo. Era la única de las partes involucradas con la que podría razonar en ese preciso momento.

—¡Déjalas, que se maten! —gritó Estefany. Le gustaba Diana y le disgustaba Úrsula, así que si había una oportunidad de que alguien le diera un buen golpe a la reina, ella estaría muy contenta. Tal vez eso le diera un poco de humildad. El resto del equipo tenía una opinión parecida.

Sin embargo, Gianella era la capitana y tenía que dar el ejemplo. Las obligó a mirarse y el resto de chicas se acercaron con disimulo. El descontento era general.

—Me estoy hartando de ustedes —dijo la capitana. El entrenador no estaba por ninguna parte y daba lo mismo—. Ódiense todo lo que quieran, pero aquí en la cancha necesito que trabajen como equipo. Viajamos la próxima semana. ¿Así se van a comportar?

Úrsula fue indiferente al tono desesperado de la voz de Gianella. Por Diana, bien podría olvidarse de todas sus pasiones.

—Me portaré todo lo bien que quieras si a ésta la dejamos acá —dijo Úrsula, despectiva—. No la necesitamos para nada.

Si Diana fuera otra persona, hacía muchas semanas atrás que hubiera cedido a la intimidación de Úrsula. Pero era orgullosa y jamás permitiría que un mujer tan malvada y vil se saliera con la suya. No iba a irse del equipo ni renunciar al viaje, no mandaría todos sus esfuerzos a la basura por ella.

—Alguien que no puede dejar de lado sus niñerías y portarse de acuerdo a su edad no va a decidir si puedo viajar o no.

—¿Qué dijiste?

—Lávate bien las orejas, sorda.

Úrsula se había acercado tanto que Gianella tuvo que ponerle una mano en el pecho para mantenerla a raya. Estefany también se había acercado, pero solo para empujar a Diana y animarla a terminar con eso de una vez por todas. Tenían mucha energía contenida y harían bien en sacarla a los golpes, pensaba.

—¿Pueden portarse como personas normales? —preguntó Gianella, hastiada de toda esa situación. Hacía mucho que esas dos habían acabado con su paciencia.

—Yo no le hice nada, ella empezó —protestó Diana.

—Vas a tener que elegir entre ella y yo —dijo Úrsula, con el entrecejo fruncido. La verdad es que Gianella ya tenía una solución en la mente, pero esa solo perjudicaría al equipo. Faltaban muy pocos días para los juegos universitarios.

—Si de mí dependiera, las dejaría aquí a las dos —respondió sin tapujos—. Pero no puedo, así que lamentablemente tendré que seguir soportándolas hasta que se porten de acuerdo a su edad. ¿Pueden hacerlo? Ya si quieren después de los juegos se matan, ya no es mi problema.

Algunas chicas se rieron, pero la otra mitad siguió cuchicheando en voz baja.

—¿Pueden intentarlo siquiera?

Úrsula miró a Diana como si fuera un pedazo de caca que hubiera pisado con alguno de sus zapatos de marca. Diana la miró con el mismo odio.

—¿Pueden? ¿Por favor? —Gianella estaba rogando. Los pasajes ya estaban comprados y toda la documentación estaba lista. Su participación era un hecho. Y ya era demasiado tarde para hacer cualquier cambio y, sobre todo, buscar a otras dos personas para que las reemplacen.

La estrella y la luna | GLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora