Capítulo 6

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—No la aguanto más.

Álvaro fue tomado con la guardia baja. Se habían mantenido en el más absoluto de los silencios por unos diez minutos. Él confiaba en que estuviera dormida. No se lo reprocharía.

Pero a Úrsula el silencio solo le había servido para pensar en Diana. Y luego no había podido contener sus pensamientos mucho más y lo dijo todo en voz alta. No se arrepentía de nada.

El novio tuvo que hacer esfuerzos gigantes para recordar de quién estaba hablando. Le tomó tiempo porque casi lo había olvidado. No conservaba muchas de las cosas que Úrsula le contaba porque perdían importancia después de unas semanas. Esa era una excepción.

De ser más inteligente, habría prestado más atención a las señales. Pero para él no eran más que tonterías sin importancia, carentes de sentido. Así que, ¿por qué debería preocuparse por los problemas de su novia en una actividad que él desaprobaba por completo?

—¿Qué te hizo ahora? —preguntó Álvaro, fingiendo interés.

Úrsula se irguió en la cama y se desbarató hablando por lo que a él le parecieron horas. Demasiado para cualquier hombre que apreciara la tranquilidad, el silencio y la paz, pensó.

Lo escuchó todo y eso le pareció un logro magnánimo. Esperaba recibir un premio por su paciencia, pero solo encontró que su novia quería que emitiera una opinión. Era desagradable, por decir lo menos.

Dijo lo de siempre porque no quería pensar. Algo tan simple como eso no merecía que él se rompiera la cabeza intentando hilar las palabras más adecuadas. No hacía falta tomarse esas molestias.

—Lo lamento mucho.

Úrsula lo dejó pasar.

—Es horrible. La odio como no te lo imaginas. ¡Y soy la única que ve lo insoportable que es! Las demás la aman, ¡la adoran! Pero ella es tan... Su existencia es tan fastidiosa. ¡Le encanta ser el centro de atención y que el mundo gire en torno a ella! ¡Ama que todos la adoren, lo disfruta tanto! Y actúa como si no rompiera un plato, como si fuera la niña perfecta. Es toda una mosquita muerta.

—Uy, esas son las peores —dijo Álvaro, recordando su propio pasado. Úrsula no lo vio sonreír, pero era demasiado inteligente para no hacerse una idea bastante acertada de lo que estaba pensando.

—Ni te emociones —le dijo con desdén—. Es lesbiana.

—¿Tienen una marimacha en su equipo? —escupió Álvaro. Sus fantasías se esfumaron—. Dios mío, ¿lo dices en serio? ¿Cómo pudieron permitir eso? Es asqueroso.

—¿Crees que es asqueroso besar a una mujer?

Álvaro lo reflexionó por unos segundos, pensando seriamente en la respuesta. Al fin Úrsula había conseguido llamar su atención.

No se preocupó de nada. No sintió ni miedo o angustia. La conocía. De pies a cabeza.

—Si es otra mujer, pues depende. ¿Al menos es guapa?

La pregunta la hizo pensar en cosas que no quería. Preferiría cortarse todos los dedos de la mano a tener que admitir que había belleza en el rostro que tanto odiaba. No podía mentir.

—Se podría decir que sí.

—Entonces... Está bien, no me quejo —contestó Álvaro, pensando que la conversación se había terminado. Su imaginación tomó otro rumbo.

Pero Úrsula decidió que pondría a prueba su paciencia abriendo otra vez la boca.

—¿No te quejas solo por qué es guapa? —preguntó Úrsula con ironía. No le sorprendían nada las razones que propiciaron su cambio de opinión. Era un hombre, después de todo.

La estrella y la luna | GLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora