—Ya no lo aguanto.
—Termina con él.
—No es tan fácil.
—¿Te das cuenta que sufres porque quieres?
Víctor no se molestó en mirarla mientras hablaba. Estaba muy concentrado acariciando bajo la barbilla de Nala y, de todas formas, cualquier conversación que involucrara a Álvaro le daba perfectamente igual. Solo participaría si Úrsula se planteara en serio —muy en serio— terminar su relación con él. Y eso no iba a suceder en un tiempo, así que...
—Gracias —masculló Úrsula.
—De nada —respondió Víctor. Sus ojos seguían fijos en la gata.
—¿No me vas a preguntar que me hizo?
—Lo puedo adivinar.
—¿Y no te importa?
—Mucho, pero ya te he dicho todo lo que pienso y todavía sigues con él, así que no voy a seguir desperdiciando mi sabiduría con una persona que no me escucha. Pero todavía rezo para que abras los ojos un día de estos.
Úrsula quiso tirarle el celular en la cara, pero se contuvo. Entonces, Víctor sonrió como un idiota y ella se sintió aún más molesta con el sexo masculino. Todos los hombres a su alrededor estaban haciendo méritos para ganarse su odio. Su mejor amigo no era la excepción.
Se quedaron callados un par de segundos. Víctor estaba tirado en su cama, junto a su gata, y Úrsula estaba en la silla, balanceándose sobre las patas traseras mientras pensaba. El televisor estaba encendido solo para hacer ruido porque ninguno le prestaba atención.
Úrsula se había —en resumidas cuentas— escapado de Álvaro. En la mañana, él le había sugerido que podía escaparse de la base para ir a cualquier lado con ella. Ella, que no era estúpida y que tenía tantas ganas de quedarse sola con él como de ir a la misa de las seis de la mañana, le inventó una excusa. Dijo que se iría donde una amiga a estudiar para los exámenes. Mencionar el nombre de Víctor habría ocasionado una bronca de apoteósicas proporciones.
Ahora, sin embargo, lamentaba haber elegido ir donde Víctor. Regina la había escuchado con muchas ganas y se habrían entretenido insultando a Álvaro de todas las formas imaginables. ¿Y si la invitaba? Si no estaba durmiendo como un tronco, seguro que aceptaría.
—¿Y cómo está tu amiga?
—No te voy a presentar a nadie.
—Tampoco quiero que lo hagas, no me gustan tus juntas —replicó Víctor con mucha tranquilidad. Era tan irritable que daban verdaderas ganas de meterle un puñetazo—. Pero no te estaba pidiendo eso. Te preguntaba por tu amiga. Ya sabes de quién hablo. ¿Cómo está?
Fue la primera vez que Víctor la miraba a la cara. Sonreía como quién conoce un secreto. Úrsula ya se imaginaba que Regina lo había hecho participe de sus fantasías. Ambos eran tan predecibles.
—Imagino que bien. Hasta donde sé, todavía respira.
—¿Es verdad que te templaste de ella? —preguntó Víctor sin poder contenerse por mucho más tiempo. No era tan descabellado como parecía, pensaba, y eso explicaba un par de cosas acerca de su comportamiento en los últimos meses.
—No —respondió Úrsula. Fue mecánico, ni siquiera tuvo que pensarlo. Víctor no se decepcionó porque la conocía y que Úrsula lo negara no significaba absolutamente nada—. No tengo... —Úrsula se interrumpió antes de terminar la aseveración. Si lo decía, Víctor iba a desmentirla en cuestión de un instante e iba a convertirse en el hazmerreír por un par de semanas.
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La estrella y la luna | GL
RomanceDespués de terminar una intensa relación de tres años, Diana Beltrán elige integrarse al equipo femenino de vóley de su universidad. Todo va de maravilla hasta que la convivencia con Úrsula Cano, una de sus compañeras de equipo, se hace insoportable...
