Su hazaña —porque lo era, por mucho que odiara admitirlo— no pasó desapercibida para nadie más que para Álvaro.
Úrsula intentaba no pensar en el espectáculo que su novio había montado afuera de la casa de Víctor la noche anterior mientras esperaba que llegara su turno de subir a la tribuna a recoger sus reconocimientos y tomarse la foto. A Álvaro le había disgustado mucho que estuviera en la casa de Víctor, con él —ignorando que había otra docena de personas allí—, haciendo «quién sabe qué cosas» y se portó como un completo imbécil en la vía pública.
No recordaba otro momento en el que hubiera estado más molesta en su vida. Aceptó irse con él solo porque quería que acabara con el espectáculo, pero se arrepintió después de unos momentos. Álvaro le habló durante toda la noche con la voz ahogada que tienen los niños después de hacer un gran berrinche. Cuando sus caprichos no eran cumplidos, se portaba como un bebé al que su madre apenas había destetado.
Ahora, Úrsula luchaba por no dormirse. El auditorio estaba lleno de los estudiantes que fueron a los juegos, un par de amigos y familiares. Sus padres no habían ido y eso no era una sorpresa, pero allí estaba la madre de Diana. Úrsula pensó que podría molestarla con eso y se animó un poco.
Abandonaron el auditorio cuando terminó la ceremonia. Un grupo de estudiantes con chalecos, cámaras de video y micrófonos estaban afuera, esperando. Diana, que no quería aparecer en ningún video ni en ninguna foto, intentó escurrirse, pero cuando ellos insistieron en que debían tener una foto del equipo completo, no tuvo otra opción que hacer lo que le pedían.
Se puso detrás de Sandra y a un lado de Dalila. Se esforzó por sonreír. Su propia madre sacó su celular para tomar fotos y Diana se sintió mucho más avergonzada aún. Fue entonces cuando, en su afán de no mirar para ninguna cámara, se fijó en que había un rostro demasiado familiar mirándola fijamente. Era Irene. Quiso escaparse cuando la sesión se terminó, pero entonces el chico del micrófono se acercó a ella y supo que estaba atrapada.
—Hola, hola. Somos del canal de la universidad, queríamos hacerte una pequeña entrevista —explicó el muchacho. No esperó a que Diana mostrara conformidad, se aclaró la garganta y le hizo una señal a su camarógrafa—. ¡Hola! ¿Cómo te llamas? ¿De qué equipo formas parte? ¿Cómo describirías tu participación en los juegos regionales? ¿Fue difícil, complicado?
Le puso el micrófono en la boca y le sonrió para animarla a hablar. Él no podía ni sospechar que había tomado la peor decisión de su vida porque, sí lo que quería era una entrevista o alguien que tuviera la soltura para pronunciar algo más que dos palabras, había asaltado a la persona equivocada.
Diana lo intentó de todas formas, hizo el esfuerzo. Su madre estaba mirando y no iba a hacer el ridículo frente a tanta gente.
—Ho-hola... Mi nombre es Di-Diana...
Solo podía imaginar lo humillante que sería esa entrevista cuando saliera al aire.
El muchacho asintió. Movió su mano, instándola a seguir hablando. Diana había olvidado todas las preguntas que le había hecho. Quiso explicárselo, pero eso probablemente la hubiera hecho quedar como una idiota al cuadrado. Se quedó callada.
Fue entonces que ella —sin pensarlo demasiado— saltó para salvarla.
—No fue nada complicado, por eso conseguimos la clasificación sin muchos problemas —dijo Úrsula. La cámara y el micrófono se enfocaron en ella y ella sonrió de oreja a oreja—. Somos parte del equipo de vóley y he de decir que todo fue muy sencillo, en realidad. Estamos esperando con ansias que llegue el momento de ir a los juegos nacionales. Creo que es muy factible que regresemos aquí con la medalla del primer puesto.
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La estrella y la luna | GL
RomanceDespués de terminar una intensa relación de tres años, Diana Beltrán elige integrarse al equipo femenino de vóley de su universidad. Todo va de maravilla hasta que la convivencia con Úrsula Cano, una de sus compañeras de equipo, se hace insoportable...
