Capítulo 3

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La última vez que la escuchó hablar sin parar por más de veinte minutos fue para contarle lo mucho que le estaba costando olvidarse de Irene, lo asqueada y traicionada que se sentía y lo mucho que deseaba haberle devuelto un poco de todo el dolor que le ocasionó.

Marcos estaba agradecido de que hubiera encontrado un nuevo interés, aunque le preocupaban las decisiones que estaba tomando. Sin embargo, no la interrumpió ni una sola vez y, cuando terminó, se tomó su tiempo antes de dar su veredicto.

Que al final resultó ser una única oración que guardaba mucha razón y fue pronunciada con las mejores intenciones.

—Tienes que bajarle dos rayitas a tu furia. Tú no eres así. ¡En el colegio no matabas ni a una mosca! ¿Qué te pasa ahora?

Tenía razón, pero Diana tuvo que protestar.

—Pasa que ella empezó todo y yo solo me defiendo.

—Ya sé, pero van a terminar haciéndose daño de verdad. O ella puede buscarte pelea. Dime, ¿qué vas a hacer si te quiere pegar? ¡Has estudiado toda tu vida en colegio privado, no sabes pelear!

—¿Y tú sí?

—Tampoco. Soy otro huevonazo, por eso me dejé robar por un chibolo que media medio metro menos que yo. —No acostumbraba hablar así, pero la ocasión lo ameritaba. Se alegró de ver que Diana dejaba de estar contrariada y se ponía a sonreír.

La risa le salió con mucha facilidad. Fue un cambio agradable a comparación de otros días. Marcos reconoció que algo bueno estaba resultando de su reciente participación en el equipo de vóley.

Cuando las risas se acabaron, Marcos se aclaró la garganta. Una vez aligeradas las tensiones, podía hablar con mayor seguridad.

—Tienes que dejar de hacerle caso. Ignórala, finge que no existe. Es por tu bien.

—Es difícil.

—Me lo imagino, pero tienes que hacer el intento.

—Pero es muy difícil —protestó Diana—. Ella es demasiado cargosa... Es tan... Te juro que no se aguanta, es difícil... Es caprichosa, maleducada y...

Diana repitió muchas de las cosas que ya había dicho, pero Marcos no la interrumpió ni una sola vez. Era importante que dijera lo que pensara, que se desahogara y que se le secara la garganta. Así, no tendría más opción que escucharlo.

Cuando se acabó, Marcos estaba sonriendo. No le agradaba el relato, por supuesto; era más una sonrisa irónica por descubrir que una persona con esas características existía. La vida había sido piadosa con él.

—¿De verdad es así? No parece tan odiosa en las fotos.

—¡Si la conocieras!

—Después de lo que me contaste... No quiero, la verdad. ¿Estás segura de que es la reina de la universidad?

Diana había estado tan desanimada por la ruptura con Irene que se había saltado la mayor parte de las actividades por el aniversario de la universidad. No fue al reinado, ni a la serenata ni a la fiesta. Pero escuchó a Sandra decir que Úrsula había ganado el reinado y no lo puso en tela de juicio.

—Sí, eso me contaron.

—Pero la que ganó este año estudiaba Psicología. ¿Ella estudia Psicología? ¿Segura de que estamos hablando de la misma persona?

—Eso creo.

—Ya.... —Marcos pausó el juego. Lo increíble era que pudiera seguirle el hilo de la conversación todo ese tiempo. Decía que tenía que aprovechar cada segundo de la última semana de vacaciones que les quedaban. Dejó el mando de la Play a un lado y tomó su celular—. Vamos a confirmarlo. ¿Cómo dices que se llama?

—Úrsula.

—¿Apellido?

Lo recordó al cabo de unos segundos.

—Cano, creo.

—Sí me suena. Creo que ella es, pero...

La búsqueda fue breve. Al cabo de unos segundos, Marcos ya había encontrado su perfil de Instagram. Confirmaron enseguida que la reina de la universidad y la molesta compañera de equipo eran la misma persona. Tenía muchas fotos en su perfil; fotos en el concurso, con amigos, en la playa y con su novio.

Marcos no pudo seguir guardándose sus pensamientos.

—Es bonita.

Diana bufó, pero no le replicó. Sabía que tenía razón. De hecho, tenía mucha razón. Úrsula era fácilmente una de las mujeres más guapas que había conocido.

—Por eso se da con el lujo de tratar mal a los demás: porque es bonita.

—Pero aquí en fotos no parece tan insoportable. —Marcos se río en voz baja. Siguió pasando las fotos, observándolas con detenimiento. Diana miraba su celular por encima del hombro. Hasta ese momento, ni se le había cruzado por la cabeza ir a chismosear en sus redes sociales—. Creo que este es su flaco. ¿Eso es un uniforme o es un disfraz?

—Es uniforme —respondió Diana enseguida—. Parece que es militar.

—¿Qué rango tendrá? No creo que sea cabo raso.

—No tengo idea.

—Bueno... —Marcos pasó la foto, se fue hasta el final. Era una foto con un grupo de chicos. La única foto en su perfil con más de cuatro años de antigüedad. Regresó al principio, vio sus seguidores y seguidos por simple curiosidad. No necesitaba más información para repetir sus pedidos. Dijo—: Con esas uñas podría sacarte los ojos. Ya no te sigas peleando con ella.

—¿Y si ella no deja de molestar?

—La ignoras. —Marcos dejó el celular sobre las sábanas—. Le das la espalda y la dejas hablando sola, igual que los loquitos. ¿No es lo mejor para todos?

Diana pensó en todas las ocasiones en las que dejó pasar los comentarios de Úrsula y se convenció a sí misma de que los golpes y empujones eran solo accidentes propios del deporte. Eso no le había servido para nada, pero todo apuntaba a que debía seguir haciéndolo. Tal vez la constancia fuera la clave para su éxito. Y Diana no quería problemas, los odiaba. Le gustaba su vida tranquila.

—Sí, puede ser.

—Quedamos, entonces. Tú solo ve, entrena, se amable con quién sea amable contigo, ignora a quien sea antipática contigo y diviértete. Por cierto, ¿cuándo van a jugar? Acá, me refiero. Quiero ir a ver si todavía tienes el toque o los años ya te han pasado factura. ¡Me acuerdo que dabas unos saltos alucinantes en la cancha del colegio!

De regreso en su propio cuarto, varias horas después, Diana dejó a un lado su celular y se acostó sobre el edredón. Había recibido un montón de mensajes de su ex novia que, por su bienestar, nunca leería. Se prometió muchas cosas el día que terminó con ella, así que no volvería a atenderla. Ya le había hecho demasiado daño.  

La estrella y la luna | GLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora