Capítulo 5

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El ambiente estaba muy tenso. El chisme de su pequeño encontrón en las calles de la universidad se había regado como la pólvora y todas las chicas del equipo lo sabían. Las opiniones se dividían en algún punto, pero, en esencia, todas apoyaban su actuar, a pesar de que ignoraban las razones que lo provocaron todo.

El entrenador era un caso muy diferente. O nunca escuchaba nada o hacía la vista gorda a todas las situaciones incómodas. Estaba tan empecinado en creer que todo era un juego e ignoraba que allí, en la cancha, frente a sus narices, había dos muchachas convirtiendo el vóley en un deporte de contacto. Contacto duro.

Diana terminó el entrenamiento con un pie cojeando. Había sufrido una caída bastante dolorosa. Le consola que Úrsula no se encontrara mucho mejor, aunque lo más que lamentaba era su uña rota.

—La odio. —Ella misma se sorprendía de las cosas que decía y sentía. Si es que había conocido a todo tipo de personas desagradables, pero lo que Úrsula hacía lo sobrepasaba todo con creces.

—Lo sé y yo te compadezco. No me gustaría estar en tu lugar.

—Deberíamos cambiar.

—No, gracias. Vamos, a las duchas, antes de que las ocupen todas. ¿Te das cuenta que tenemos patos?

Diana rechazó el ofrecimiento de Alicia y Alicia no insistió más. Se quedó sentada sobre las gradas de cemento mientras calculaba el tiempo para que todas se desocuparan. No quería que nadie se sintiera incómoda con su presencia.

Cerró los ojos y esperó. Las fuertes pisadas de Úrsula la despertaron de su sueño. Caminaba derechito hacía ella.

—Esto no te lo voy a dejar pasar —dijo Úrsula. Su ira se había acumulado mientras se duchaba. Era incapaz de concebir que tenía toda la responsabilidad por jugar con uñas largas en un deporte donde tenía que utilizar las manos.

Le mostró la mano con la uña rota. No se veía mal, pero sin duda desentonaba con el resto de sus uñas. Diana no se inmutó por la acusación ni por los daños ocasionados. Debió seguir el consejo de sus amigos, pero era difícil cuando Úrsula le había puesto la mano en la cara.

—¿Qué esperas que haga? Eso te lo hiciste tú sola.

—Fue por tu culpa.

—No —respondió Diana. Se puso en pie y agarró su abultada mochila. Las chicas iban saliendo por una. Estefany hizo la mímica de una patada y luego le guiñó el ojo—. Permiso.

—No sé quién te crees, niña estúpida, pero...

Diana se fue y la dejó con la palabra en la boca. Caminó a las duchas intentando no cojear para no darle esa satisfacción a Úrsula.

Se encontró a Guadalupe en la puerta de las duchas. Guadalupe se detuvo abruptamente, la miró con terror y luego se deslizó por su costado. Diana era incapaz de saber lo que le pasaba, pero quizá fuese una suerte porque eso habría opacado su pequeño triunfo.

Úrsula respiró hondo y se dio la vuelta. Alcanzó a Dalila en la puerta y la tomó del brazo. La llevó casi a rastras por la vereda.

—La próxima vez, le voy a romper la pierna. Me voy a asegurar que no pueda caminar nunca más.

—¿Una uña por una discapacidad vitalicia?

—¡Sí! ¿No te parece un intercambio justo?

—No —respondió Dalila sin rodeos. La sinceridad era una de sus cualidades más características—. Creo que se les está pasando la mano. Van a terminar en el hospital o en la comisaría cualquier día de estos.

—¿Te gusta y por eso la defiendes tanto?

—A mí no me cae ni bien ni mal. Y prefiero que las cosas sigan así. ¿No te desgasta tener que pelear con ella cada vez que te la encuentras?

La estrella y la luna | GLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora