Contexto: Eras la novia de la adolescencia de Marc y llegas a El Cairo en su búsqueda.
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"A veces, las circunstancias simplemente nos llevan a donde debemos estar, sin explicaciones claras ni motivos evidentes"
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Bajaste del taxi sintiendo el sofocante calor de El Cairo abrazar tu piel como una manta pesada e ineludible.
Habías viajado desde Chicago, Illinois a petición de Layla, una amiga preocupada por el estado de ánimo de Marc.
Hacía algunos días, Layla te había llamado con urgencia, preocupada por el deplorable estado en que se encontraba Marc después de haber perdido el escarabajo dorado en Londres. Aunque te dolía escuchar sobre sus tribulaciones, no era del todo una sorpresa para ti.
Conocías los entresijos de su vida caótica desde hacía mucho tiempo. Casi a diario intercambiabas mensajes con él a pesar de su ruptura, aunque últimamente sus respuestas se habían vuelto más escasas y evasivas.
Sabías mucho, si no todo, sobre lo que ocurría en su vida. Bueno, al menos sabías lo que Layla y él -aunque Marc no solía contarte mucho- te compartían.
Sacaste tu teléfono y revisaste la pantalla en busca del mensaje que Layla te había enviado hace unas dos horas. Ahí estaba, la dirección del lugar donde, se suponía, estaba Spector.
Miraste el contacto de Marc, pero la ausencia de una foto de perfil te hizo detenerte un momento.
Te había bloqueado.
Suspiraste, sabiendo que él probablemente había supuesto tu llegada.
Lo conocías demasiado bien.
A él no le agradaría verte en El Cairo, sabiendo que habías venido por su causa.
-¿Qué haré contigo, Marc?- murmuraste, apagando tu teléfono y guardándolo en tu bolsillo.
Hacía años que no veías a Marc en persona. Desde el día del velorio de su madre, para ser exactos. Recuerdas claramente aquel día, cuando estuviste presente en la casa de su familia. Tu madre, amiga cercana del padre de Marc, te llevó consigo, considerando un deber moral estar allí para apoyar a la familia en ese momento de duelo.
Nunca esperaste ver a Marc allí.
Cómo su pareja en esos momentos, sabías que su relación con su madre nunca fue fácil, por decir lo menos. Pero, para tu sorpresa, lo viste parado en las afueras de lo que solía ser su hogar.
Nunca entró.
Simplemente estuvo ahí por un momento y luego se marchó.
Quizás deberías haber hecho algo. Quizás deberías haber salido y detenido su partida. Eras la persona más importante para él después de todo. O quizás simplemente tu inacción fue la mejor decisión.