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Todos sabían lo roto que estaba Marc Spector.
Pasado del carajo, padres ausentes, mercenario, casi muere a manos de un loco obsesionado por una diosa mitad cocodrilo y avatar de un dios egipcio. Un tipo demasiado fragmentado.
Era un tipo que no logra deducir con exactitud quién es en realidad, después de todo.
Ni siquiera puede conciliar el sueño en aquellas noches donde su pasado se cuela en sus pesadillas.
Odiaba eso.
Por eso, todas las noches luchaba para mantenerse en vela hasta el amanecer. Hoy no sería diferente.
Estaba recostado con sus ojos puestos en el techo, mientras trataba de armar un cubo de Rubik que Steven tenía al lado de la cama en una cómoda, el cual el antes nombrado usaba para mantenerse despierto en los momentos donde Marc quería tomar el control del cuerpo sin su consentimiento. Pensó en cosas para distraerse. Después de todo, no tenía algo mejor que hacer estando acostado. Eso le dio una idea de ir a la cocina por algo de comer y al menos estar más activo.
Pero justo antes de poder siquiera poner un pie fuera de la cama, sintió tus brazos aferrándose a él y simplemente no pudo evitar sonreír al ver tu suave rostro al dormir. Tú eras todo lo opuesto a Marc. Tú conciliabas el sueño de una manera sorprendentemente rápida, y lo hacías de una manera tan calmada y pacífica que hasta a Marc le había llegado a dar celos de tu manera de poder dormir tan plácidamente.
No lo entendía. ¿Cómo podías lucir tan serena y despreocupada?
Sin pensarlo dos veces, y olvidando el hecho de que iba a la cocina, te rodeó con un brazo, acomodándose para que este quedara debajo de tu cabeza. Luego, notó el ritmo de tu respiración. Tan calmante. Tan relajante. Sin poder evitarlo, se acercó más a ti, escuchando el silencioso ronquido que para su sorpresa, logró calmarlo más de lo que quería admitir. Sintió el calor de tu aliento contra su cuello y por un momento, cerró sus ojos.
No tardó mucho en sudar y en empezar a patear las sábanas, logrando destaparse a él y a ti, despertándote en el transcurso.
—Marc...? —murmuraste con voz ronca, intentando acostumbrarte a la poca iluminación de la habitación. Cuando giraste tu rostro lo viste con el ceño fruncido, preocupado. Parecía asustado, pero aún con los ojos cerrados. Murmuraba cosas inaudibles, pero era claro que algo le pasaba.
Te sentaste, viendo cómo él pateaba y se retorcía en su lugar, mientras sus puños se movían, como si intentara huir de algo.
—¡No, mamá, no! —gritaba Marc entre susurros a la vez que sus dedos apretaban las sábanas—.¡Perdóname!
Tus ojos se llenaron de lágrimas al ver el dolor que él experimentaba en su sueño. Sabías sobre Randall, su hermano menor, y la tragedia que había ocurrido en aquella cueva. Sabías del tormento que su madre le había causado, culpándolo por la muerte de "Roro". Pero nunca lo ha las visto así de mal. Nunca pensaste siquiera verlo de esa forma en tu vida.