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Steven estaba sentado en el sofá, absorto en un libro sobre mitología egipcia, cuando sentiste la primera patada del bebé.
Tus ojos se abrieron de par en par y tomaste la mano de Steven, colocándola sobre tu vientre.
—Steven, siente esto—. Dijiste, emocionada.
Él dejó el libro a un lado y miró tu vientre con curiosidad. Cuando la siguiente patada se hizo notar, sus ojos se llenaron de asombro.
—¡Por todos los dioses! ¡Está pateando!—. Exclamó con su voz temblando de emoción.
Steven acarició suavemente tu vientre con sus dedos temblorosos pero llenos de ternura.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Esto es... esto es increíble, Mon amour—. Dijo mientras su voz se quebraba—.No puedo creer que esto esté realmente pasando...
Lo viste sonreír de una manera que nunca antes habías visto.
La alegría pura y la maravilla se reflejaban en sus ojos. Steven se inclinó y besó tu vientre, susurrando dulces palabras de bienvenida al bebé.
Marc Spector
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Marc estaba en la cocina, preparando la cena, cuando sentiste la primera patada. Te acercaste a él, con una mano en el vientre y una sonrisa en los labios.
—Marc, ven aquí, rápido—. Le dijiste, mientras caminabas rápido a dónde él estaba.
Marc se volteó, limpiándose las manos con un paño de cocina. Se acercó a ti con una mirada de preocupación.
-¿Mi amor, qué pasa? Sabes bien que no puedes andar rápido estando asi...—. Dijo, dejando el paño a un lado.
Ignoraste sus palabras y tomaste su mano y la pusiste sobre tu vientre justo cuando el bebé volvió a patear. Marc se quedó inmóvil, sus ojos se agrandaron al sentir el movimiento.
-Lo sientes?—. Preguntaste, emocionada.
Marc asintió, con una expresión de asombro en su rostro.
—Sí, lo siento—. Murmuró, casi en un susurro-. Es... es increíble.
Se arrodilló frente a ti, con sus manos aún en tu vientre. Te miró a los ojos, su expresión cambiando de asombro a una profunda ternura.
—Vamos a ser padres, de verdad—. Dijo, sonriendo.
Marc te abrazó suavemente, apoyando su cabeza contra tu vientre, escuchando y sintiendo cada movimiento del bebé con una sonrisa de satisfacción. Nunca pensó que estaría así. Pero le encantaba.
Jake Lockley
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Jake estaba acostado a tu lado en la cama, con una mano descansando sobre tu vientre. Tú estabas profundamente dormida, pero Jake, como siempre, estaba alerta. Sus dedos trazaban suaves círculos sobre tu piel, una expresión tranquila y protectora en su rostro.
De repente, sintió una ligera patada.
Al principio pensó que lo había imaginado, pero luego sintió otra patada, más fuerte esta vez. Sus ojos se abrieron con sorpresa y una sonrisa apareció en su rostro.
—Hey, pequeño guerrero—. Susurró, su voz baja para no despertarte— ¿Decidiste decir hola a papá? Son las cuatro de la mañana. ¿Un poco tarde para estar activo, no es así?
Jake siguió sintiendo las patadas, cada una llenándolo de alegría. Su mano acarició tu vientre con ternura, y se inclinó para besar la suave curva de tu abdomen.
—No puedo esperar a conocerte—. Murmuró con su voz llena de emoción—. Vas a ser increíble, lo sé. De seguro que a los otros dos pendejos también les gustará conocerte. De veritas.
Te observó dormir. Nunca pensó que podría llegar a amarte o a formar una familia normal a tu lado.
Pero aquí estaban. Juntos, esperando a su bebé que estaba por nacer. Su amor por ti y por el bebé evidente en sus ojos.
Aunque generalmente era el más rudo y despreocupado, en ese momento, mostró su lado más tierno y protector. Se acercó más a ti, abrazándote suavemente y dejando que la paz de ese momento lo envolviera.
—Te amo—. Susurró, cerrando los ojos y permitiéndose disfrutar de ese instante de felicidad absoluta.