Las velas ya se habían consumido llevándose la luz del palacio, sin embargo, la luna llena era suficiente para iluminar el carruaje frente a nosotros. Adela y Elena ya estaban esperando en el interior cuando Mikail me acompañó de la mano, Alister y Dorian esperaban en la puerta del carruaje. Dorian ahora llevaba su armadura, el metal endurecía la cara del que hace unos pocos años era solo un niño. Un niño que se escondió durante días para no comenzar su formación como caballero. El mismo niño que soñó con huir de la presión de convertirse en un guerrero para descubrir un nuevo mundo.
- Para tí.- Alister me entregó un pequeño paquete mal envuelto por un pedazo de tela.
Aunque sabía que no era apropiado y podía sentir en mi nuca las miradas de mi padre y los caballeros, me tomé unos segundos para sonreír a mis hermanos, como cualquier mañana de mi cumpleaños.
Era una daga de plata con una preciosa empuñadura dorada adornada con gemas azules. Zafiros, decenas de gemas recorrían el metal que terminaba en una hoja afilada.
-Es…
-Un abrecartas, ¡qué belleza!- el caballero de los ojos azules y la piel de oso lo tomó de mis manos.
Mis hermanos se miraron entre ellos en un silencio total.
-Debo guardarlo con cuidado entonces.- extendí la mano, el hombre me lo entregó con una ligera reticencia.
-Ten cuidado, podrías hacerte daño.- pareció darse cuenta de la situación incómoda y nos dió la vuelta para ir hacia mi padre, quien supervisaba como cargaban la última maleta.
-Parece un cuchillo.- lo envolví se nuevo para entregárselo a Elena, quien lo tomó con cuidado y volvió a entrar en el carruaje.
-Es solo un regalo, aunque tardemos meses en leer tus cartaa, siempre querré leer tu letra perfecta. Te quiero.- Mikail dejó un beso sobre mi pómulo, sin abrazos, sin llantos, lo dejé ir junto a mí padre.
Alister me miró con una sonrisa compasiva. Nosotros ya nos habíamos despedido. Y por alguna razón, más que un adiós y un abrazo, él solo podía darme su perdón.
Por último, abracé a mi padre antes de fijarme en su cara por última vez, su barba tenía más canas que hace varios días y la luna proyectaba aún más las sombras de sus ojeras.
- Se inteligente, obedece siempre.
Asentí ante su orden dictatorial.
Dorian presumía su armadura con orgullo cuando me ayudó a subir al carruaje.
-Buenas noches, señoritas.-lanzó una brillante sonrisa a mis criadas.-Permaneced tranquilas y descansad, os escoltaré hasta llegar a la fortaleza en unos días. Liara, hemos compartidos pocos viajes en carruaje pero te imploro que no las muerdas a ellas.
Todos nos reímos, incluso escuché a Mikail en la distancia.
Al menos tendría a uno de mis hermanos conmigo, Dorian era ahora el hilo que mantenía la conexión al hogar del que me estaba alejando.
••••••••••
Pude aguantar seis horas antes de gritar a mi hermano para que detuviese el carruaje. Aún era noche cerrada cuando la puerta se abrió para golpearme en la cara con el frío viento del campo abierto.
Un paisaje nocturno decorado por trigales a lo largo de cientos de kilómetros en todas las distancias, nosotros los encontrábamos en la mitad de un pequeño camino de tierra que atravesaba aquel vasto campo.
-Elena, trae mis toallas y un poco de agua.- bajé del carruaje con la ayuda de mi hermano y me aparté para que bajase mi criada.
Hacía frío, mucho frío comparado con mi hogar. Casi no aguantaba las ganas de aliviarme y notaba la sangre bajar por mis muslos, no podía esperar.
-Soldados, den sus espaldas a las damas y manténgase alerta.- Elena extendió una sábana entre mi cuerpo y el carruaje, permitiéndome aún entrever la espalda de los corpulentos hombres que nos acompañaban.
Me alivié de cuclillas, intentando no caerme y hacer un esfuerzo por limpiar mis muslos. Las toallas que coloqué antes de partir estaban llenas de sangre. Tardando lo menos posible, terminé mi labor para sujetar la sábana para Elena y más tarde, Adela.
-Caballeros, continuamos con nuestro camino, mantengan su fe y recuerden que al medio día tendremos comida caliente frente a nosotros.- varios de ellos expresaron su cansancio mientras subíamos al carruaje, sorprendentemente, ahora nos escoltaban quince hombres.
Parecía ser que durante nuestro camino habían llegado nuevos reclutas. Realmente estábamos a salvo, todos ellos llevaban caballos y algunas antorchas. Eran altos y parecían fuertes, estaba tranquila.
-Adela, ¿tienes un poco de ese aceite para dormir? - evité mirarlas mientras escuchaba su conversación y me centré en cerrar bien la puerta y encontrar una posición cómoda en el restringido espacio de terciopelo y madera.
Fingí intentar acomodarme mientras Adela sacaba un frasco de cristal pequeño y alargado, no más que un meñique, de un bolsillo en su vestido.
-Moja el dedo y chupa la gota.- Adela abrió el frasco para que Elena pudiese mojar su dedo con mucho cuidado, parecía una especie de veneno o medicina potente.
-¿Puedo probarlo? Mi vientre me está matando, el dolor en mis muslos es horrible.- entré en la conversación con una voz similar a un quejido y ojos apenados, no podía aguantar seis horas más en aquel lugar sin algo para sobrellevarlo.
-Mi señora, es muy potente.- Adela escondió el frasco entre sus manos, mirándome un poco recelosa.- Si lo prueba, prométame que no lo contará.
-Si ese aceite es tan bueno cómo parece, no contaré nada sobre su embrujo.- hice que lo abriese utilizando la mirada de mi padre para dar órdenes y ella repitió el proceso conmigo.
Sin embargo, cuando llevé mi meñique al filo de la botella, un aullido rompió el silencio de la noche. No, decenas de aullidos. Los caballos se asustaron, relinchando y haciendo que el carruaje temblase, moviéndose hacia los lados y y que mi dedo antes cauteloso, ahora estuviese impregnado por el aceite.
Adela se apresuró para cerrar el frasco y atesorar lo que quedaba mientras que yo olvide su advertencia y chupe mi dedo asustada.
-¡Mi señora!- Elena gritó, mirándome horrorizada.
-¡Mierda!- escupí el amargo mejunje en un pañuelo, sabía a vinagre.
Tosí, no podía respirar, el susto por los lobos, los caballos, mi boca. Era demasiado. Adela apenas pudo tomar mi cabeza entre sus brazos cuando dejé de sentir mis extremidades y me desplomé en el asiento.
Oscuridad, pacífica y sincera. El último pensamiento que pude formular fue sobre mi sangre en aquel camino de tierra, esperaba que los lobos no nos siguieran.
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Danza de Lobos
FantasíaCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
