-La frontera ya estaba siendo vigilada días antes de que el mensajero fuera asesinado.- su palabras hicieron que un enorme peso cayera sobre mis hombros.
-Entonces no fue un simple ladrón.- razoné junto a él.
-Exacto. Tuvo que ser uno de los guardianes destinados junto a mí.- tragó saliva con sus ojos dorados fijos en mí y una expresión seria en su rostro.- Lo más probable es que solo quisiera robarle pero encontrara algo mucho más valioso que un saco de monedas.
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-Este guiso no tiene sabor.- la hermana pequeña de Lynette se quejó por quinta vez, dejando caer la cuchara sobre su plato con un gran estruendo.
Aguantar a la pequeña granuja era una tarea imposible pero tener que hacerlo sin vino era aún peor. Apenas estábamos almorzando y ya había hecho una lista de desperfectos del castillo que reclamarme y otra de sirvientes incompetentes en su trabajo.
-Sabes muy bien que en tiempos tan duros como estos debemos agradecer cada bocado que nos llevamos a la boca, los soldados del frente están pasando hambre, mientras tú y yo comemos y dormimos calientes como invitadas de la señora del castillo.- la duquesa la regañó desde el otro lado de la mesa con una mirada asesina.- Yo me lo he comido y tú harás lo mismo.
Jana abandonó rápidamente el comedor para evitar la confrontación. Al menos ella podía huir.
-Siento mucho que no te guste pero es lo que tenemos hoy para comer.- mis palabras tan solo hicieron que arrugara aún más su pequeño rostro.
Lynette cerró los ojos como un halcón a punto de despedazar un conejo.
-Está bien, puedes ir a tu habitación y comerte los caramelos que trajiste de palacio. Pero no todos, ¿me escuchas?- la duquesa ni siquiera había terminado de hablar cuando su pequeña hermana abandonó la estancia corriendo.
Sus pasos retumbaron por todo el castillo hasta que desaparecieron y por fin me dejé caer derrotada sobre la mesa.
-No podía obligarla, es cierto que no tiene mucho sabor...es insípido.- la duquesa hundió su cuchara en el guiso y lo apartó hacia el centro de la mesa.- Es prácticamente agua con patata y unos pocos trozos de carne. Realmente no quiero ser desagradecida pero es...
-Incomible, no tienes que fingir conmigo.- dejé mi cuchara en el plato y lo aparté.- Solo sé que Jana no ha hecho esto.
-Supongo que cualquiera puede tener un mal día en la cocina. Tampoco deberíamos culpar a nadie.- intentó sonreír pero estaba claro que preferiríamos no haber comido a degustar aquel plato.
Volví a mirar el plato, el caldo pálido y sin sabor, los trozos de patata grandes y apenas carne.
-Creo que voy a echarme la siesta en mi alcoba pero podemos cenar esta noche.- me levanté de mi sitio y la duquesa me imitó.
-Me parece perfecto, yo voy a comprobar que mi hermana no se haya comido todos los dulces que le quedaban.
Caminé por el castillo lentamente, deteniéndome para observar cada detalle de sus paredes de piedra ahora adornadas con tapices gruesos para mantener el calor. En uno de ellos, había sido bordada una hoguera muy similar a la del solsticio, alrededor de ella bailaban parejas bajo una noche estrellada bordada con hilo azul y plateado.
Continué mi camino hasta el despacho, aunque quería seguir revisando algunos documentos apenas tenía energía para ello. La comida me había dejado el estómago revuelto y solo quería dormir para olvidarme de todo.
Si no tener noticias de mis hermanos era la mejor noticia, no sabía cómo podría aguantar todo este tiempo sin saber de ellos. Mi padre seguiría enfermo hasta que el calor de la primavera pudiera derretir el hielo del invierno y con tantos esfuerzos, me temía lo peor. Por muchos días que pasaran, no me los quitaba de la cabeza.
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Danza de Lobos
FantasyCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
