Capítulo 48

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La música volvió a sonar, su melodía salvaje y excitante recorriendo cada músculo de mi cuerpo como una llamada antigua y urgente.

Tristan va a volver.

Sólo tengo que esperarlo en la tercera hoguera.

He repetido esa misma frase varias veces en mi cabeza. Seguí a Adela y Alaric desde lejos para llegar hasta la próxima localización del ritual mientras ellos avanzaban lentamente tomados de la mano.

Alaric rodeaba su espalda con un brazo, dejando besos en su cuello tan dulces que no pude evitar suspirar con anhelo. Nunca había visto una pareja tan acaramelada, Adela estaba disfrutando y por ende, mi presencia ya no era necesaria.

Me detuve para dejar mi máscara justo antes de llegar a la tercera hoguera y cuando entré en el claro, estuve a punto de tapar mis ojos. A mi derecha, postrada en el suelo una joven levantaba su falda mientras su amante bajaba sus pantalones, a punto de unirse. Aparté la mirada en aquel instante para dirigirme hacia la hoguera donde una chica de pelo largo y negro quemaba su amuleto antes de perderse en la oscuridad con su amante de cabellera rubia.

Varios músicos tocaban los tambores, creando expectación mientras se formaban parejas y otras se rompían, unos aún bailaban pero otros desaparecían en la oscuridad.

Caminé alrededor de la hoguera, abrazándome a mí misma. Muchos de los participantes del ritual habían desaparecido, parecía que no todos disfrutaban de ser vistos. Me pregunté dónde irían mientras caminaba sin rumbo, buscando a Tristan entre la oscuridad de los árboles.

-Te he visto de lejos en la segunda hoguera.- un chico de pelo rizado castaño y ojos azules se interpuso en mi camino.

Vestía una camisa de color crema y un chaleco de piel, sus ojos almendrados parecían tímidos pero recorrían mi cuerpo con lujuria absoluta. Dio un paso más frente a mí, no dispuesto a dejarme ir.

-El chico con el que bailabas no quería soltarte pero ahora…- miró a nuestro alrededor, dejando claras sus intenciones.- No está por ningún lado.

-Llegará muy pronto.- respondí con sequedad y pasé a su lado, ignorándolo por completo.

Entonces lo vi. Observando, apenas visible al borde del claro, oculto entre los árboles, su máscara de lobo negro aún en su rostro.

-Seguro que sí pero yo puedo cuidarte muy bien mientras tanto.- volvió a interponerse en mi camino, esta vez abriendo sus brazos y haciéndome un gesto para que me lanzara a él.

-Imposible.- lo rodeé sin mirar, con la vista fija en mi lobo.

Cuando llegué al borde del claro, el límite entre la luz del fuego y las sombras del bosque, Tristan se quitó la máscara y la dejó caer en el suelo para tomarme entre sus brazos.

Tristan no me dejó ir, pasó un brazo por detrás de mis rodillas y el otro por mi espalda, levantándome del suelo con una facilidad que me arrancó un suspiro de sorpresa.

-Cierra los ojos.- dijo en mi oído y obedecí.

El bosque volvió a moverse a nuestro alrededor. Sentí el balanceo firme de sus pasos, escuchaba voces lejanas de amantes ocultos entre la vegetación, el latido constante de su pecho bajo mi mejilla. No corría, pero avanzaba con una seguridad silenciosa, esquivando raíces y troncos como si conociera aquel camino desde antes de que existiera. Poco a poco, los sonidos de las personas cesaron y para envolvernos con el sonido de la naturaleza nocturna.

Abrí los ojos cuando se detuvo frente a una pared de roca cubierta de enredaderas en la ladera de una pequeña montaña. Una grieta estrecha, casi invisible entre las sombras. Tristan se inclinó ligeramente y atravesó la abertura conmigo aún entre sus brazos.

Danza de LobosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora