Miré a mi alrededor, girando varias veces sobre mí misma. El niño ya había desaparecido y estaba a menos camino de nuestro carro, me detuve para observar la hoguera desde lejos.
-¿Os encontráis bien? - el cochero se acercó a mí con una copa de vino caliente en las manos y la mirada preocupada.
Había dos opciones. Podía ir con él y dormir hasta que volvieran, apreté el amuleto en mis manos, el lobo parecía aullar a la luna, como una llamada. O podía averiguar si Tristan estaba allí, esperando a encontrarse conmigo. Tenía que decidirme.
-Perfectamente, tened.- me quité capa, descubriendo mi hermoso corsé.- Guardadla, volveremos en unas horas.
Le entregué mi capa escarlata y con el amuleto del lobo en la mano, volví hacia el claro con el frío erizando mi piel, rodeé la enorme hoguera bajo las miradas curiosas de algunos pero no dejé que me afectaran.
Las antorchas guiaban mi camino en la oscuridad del bosque, formando un sendero. Cuanto más me aproximaba, mejor escuchaba una música lenta y embriagadora acompañada de risas de hombres y mujeres.
Dos hombres se interpusieron en mi camino justo antes de llegar a la próxima hoguera. Me acerqué a ellos con cautela, llevaban máscaras de cuero con forma de animales, el más alto una con grandes orejas de liebre, el más bajo una de un carnero cuyos cuernos se enroscaban a los lados de su rostro. Ambas máscaras cubrían hasta la nariz, dejando visibles sus labios y mandíbulas.
-Alto ahí, enséñanos el amuleto y te daremos la máscara.- habló el de la máscara de liebre dándome el alto mientras señalaba la figura en mi mano.
Les mostré el lobo de madera sin mediar palabra, manteniéndome a una distancia prudente. Ambos asintieron y el más bajo comenzó a rebuscar dentro de un enorme bolsón a su lado.
-¿Tienes alguna preferencia de animal o...? - me miró con lascivia.
Medité mi respuesta durante unos segundos.
-La cierva.- mi respuesta pareció gustarle.
-Aquí tienes, vuelve cuando hayas terminado o busques algo mejor.- me entregó la máscara.- Puede que a tu lobo no le guste compartir pero a nosotros sí.
Babosos. Continué mi camino no sin antes ponerme la máscara, era delicada y hermosa. Unida por una tela elástica, era cómoda y se ajustaba bien a mi rostro, ya estaba lista para encontrar a mi lobo.
El claro de la segunda hoguera no era tan grande, la pira de fuego en el centro era lo único que lo iluminaba, pues ya no había antorchas. Esta parte del ritual era un juego entre la luz y las sombras, aquello que se elegía mostrar y ocultar. Todos llevaban máscaras de distintos animales. Conejos, cuervos, toros, zorros, ciervos de cuernos enormes, incluso algunos lobos.
Varias parejas bailaban al son de la música lenta y seductora, rozando sus caderas, acariciando pechos y...miembros. Desvié la mirada hacia otro lado, en busca de alguna de mis amigas pero a mi alrededor solo había jóvenes disfrutando del placer sin vergüenza alguna. Sentada en el suelo, una chica de cabello rubio y máscara de zorro se besaba con dos hombres, jugando con el uno y el otro, turnando sus atenciones mientras ellos acariciaban su piel por encima de su vestido. Era Lynette.
-¿Acabas de llegar, eh? Tómate uno de estos y pronto entrarás en calor.- una chica de piel morena con una máscara de conejo y pelo largo y rizado me ofreció un pequeño vaso de cristal con un líquido ambarino y espeso.
Llevaba un carro de madera con un enorme barril y decenas de vasos de cristal.
-Es difícil acostumbrarse a esto.- me bebí el líquido de un trago y le devolví el vaso.- ¿Qué es? No quema la garganta.
ESTÁS LEYENDO
Danza de Lobos
FantasíaCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
