No apareció en cinco lunas. A partir de la quinta, me dediqué a esperar sobre la balaustrada, buscándole entre la noche infinita y los árboles centenarios. Con la bolsa apretada contra mi pecho y mi capa escarlata cubriéndome, esperé cada noche hasta el amanecer.
Me preguntaba cuál sería su aullido, si era algunos de los que sonaban por la noche, si me prometía volver a verme con cada llanto hacia luna.
Se me hacía cada vez más difícil apaciguar el pánico de la duquesa y aguantar a su hermana, pues la solución que había prometido a la mayor se había esfumado junto con Tristan
Era horroroso admitirlo pero cada día lo notaba más lejos, por las noches sentía fuertes pinchazos en el pecho y con cada nueva mañana, la conexión parecía disiparse aún más.
Ya había pasado un mes y este nuevo amanecer con débiles rayos dorados que atravesaban las copas de los árboles, el día exacto en el que había prometido venir a por mí. Y contra todo pronóstico, después de pasar cuatro semanas durmiendo al raso sobre la balaustrada y bajo las inclemencias del tiempo, me había rendido.
¿Podría haberse tratado de mi imaginación? De ser así no tendría en mis manos su mensaje ni habría leído sus palabras una y otra vez. Su caligrafía elegante pero algo descuidada, la forma en la que había arrancado el papel para entregármelo. Mi corazón lo adoraba como un santo pero mi cabeza estaba segura de que había perdido la poca razón con la que había nacido.
Aún era temprano por la mañana, así que me desvestí, dejando la capa, las botas de caminar y el vestido debajo de la cama para ponerme algo apropiado para el castillo.
El otoño había llegado semanas atrás y con él los días se hacían cada vez más cortos y las horas de sol sustituidas por atardeceres melancólicos. Me había dedicado a vagar por los pasillos del castillo como un alma en pena, preocupando a Jana, quién estaba segura de que ocultaba algo relacionado con él.
-¡Liara! - Jana irrumpió en mi alcoba acalorada, apenas podía recuperar el aliento cuando llegó frente a mí.- Adela ha despertado, tienes que bajar ahora mismo.
Ni siquiera procesé lo que me había dicho cuando corrí detrás de ella en tan solo un camisón blanco, atravesé el pasillo y descendí por las escaleras hasta chocarme con la puerta de su alcoba, donde Irial le tendía un vaso con agua. Habían tapado la herida en su rostro con un nuevo vendaje y aunque estaba mucho mejor que hace un mes, no sería bueno que la viese en aquel momento. Habían colocado varias almohadas para que pudiese incorporarse.
-¿Mi señora?- dijo con voz temblorosa, débil y confundida.
Me senté a los pies de su cama, limitándome a asentir mientras contenía las lágrimas.
-Estoy aquí.- coloqué una mano sobre la colcha.- Estás bien, Adela, estamos en el castillo de mi familia.
Adela apenas tenía fuerzas para conseguir y los temblores no parecían cesar.
-Tiene que descansar, os dejaré a solas un momento pero debe dormir pronto.- la anciana cogió la taza, dejándola sobre la mesilla de noche a su lado antes de retirarse de la alcoba.
-Me duele la cabeza.- musitó mientras se hundía bajo las mantas.
Habían peinado su cabello rubio cenizo para recogerlo suavemente con dos trenzas y que así durmiese cómodamente. No podía evitar observarla con el corazón lleno de miedo, temía tanto su reacción al enterarse de lo que le había sucedido.
-Es normal, fuiste herida de gravedad pero has tenido la suerte de sobrevivir, igual que yo.- me acerqué a ella.
Me miró confundida.
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Danza de Lobos
FantezieCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
