Capítulo 5

871 80 28
                                        

La comida era realmente deliciosa en aquella taberna, abrieron un salón para nosotros y en pocos minutos la mesa estaba llena de cerveza, setas fritas, patatas asadas, ciervo y jabalí asado. Intenté mantener la compostura pero necesitaba comer y pronto me llené de comida casera. Adela y Elena comían con mis mismas ansias y los caballeros ni siquiera se molestaban en mirarlas, todos necesitábamos este descanso. 

Nos dieron más tiempo para asearnos y aliviarnos en el que pude cambiar mis toallas de nuevo. Nadie había mencionado a los lobos aún, después de mi pérdida de conciencia había despertado minutos antes de entrar al establecimiento. Adela no paraba de abanicarme y Elena tocaba mis mejillas diciendo mi nombre. Antes de bajar del carruaje tuve que asegurarles que no diría nada, ambas estaban terriblemente asustadas. 

-Escuchamos lobos, varios de ellos, en realidad. A siete horas de aquí al sur, entre los campos de trigo.- mi hermano hacía un esfuerzo por mantener una conversación con el tabernero mientras este aceptaba una pequeña bolsa cargada de monedas, ciertamente entusiasmado. 

-Malos augurios dicen algunos, cosa de charlatanes.- otro grupo de campesinos que pasaba a su lado llevando sacos cuchicheó en voz alta.- Mi señor, mantenga un ritmo firme y no se preocupe por la palabra de unos insensatos.

-Nos acercamos a senderos estrechos y traicioneros, lo último que quiero es animales a nuestro acecho.- Dorian lo miró, colocando una mano en su espada de forma calculada.- ¿Qué puedes contarme sobre el camino hacia la cordillera? 

-No se acercarán, mi señor. Los lobos no cazan tras la cordillera, tal vez ganado pero no matan hombres, sin embargo, guarden sus espaldas cuando atraviesen el último camino entre la montaña. 

-Increíble, a nadie se le ocurrió avisar.- mi hermano miró a los hombres claramente disgustado, ellos bajaron su mirada y continuaron atendiendo a sus caballos para preparar el nuevo viaje. 

-Mi mejor consejo sería dormir en el último camino, podrán guardar un solo frente durante la noche, llevan mujeres.- el hombre bajó la voz, dirigiendo un dedo hacia nosotras.

Era mayor, con una barba blanca y un gorro marrón que resaltaba sus ojos azules rodeados de arrugas. Sabía que llamaríamos la atención, sin embargo, no podía entender porqué nos llevaban a un lugar rodeado de lobos hambrientos. 

-Apresuren su paso para llegar a Adan Myurr durante el día y den gracias por la cama que les ofrezcan en la noche.- el hombre intentó agacharse para dedicar una reverencia a mi hermano aunque le fue imposible, tuvo que levantarse torpemente y se disculpó.

Dorian agradeció su ayuda y minutos después ya nos habíamos encaminado hacia nuestro próximo destino. 

-Si los lobos son tan peligrosos, ¿acaso no deberíamos buscar otro lugar?.- dijo Elena mientras me ayudaba a subir al carruaje, entrando detrás de mí. 

-Los hombres de esta aldea están locos.- Adela entró detrás de Elena y cerró la puerta del carruaje para mirarnos con urgencia. 

-¿De qué estás hablando?- inquirí alarmada, podía notar mi corazón latiendo contra mi pecho cuando Adela se sentó junto a Elena, jadeando, sin poder hablar.

-Un hombre se acercó a mí en la salida de la taberna y me dijo que tenía que hablar conmigo. Me dijo que teníamos que tener cuidado, que no se lo han contado tu hermano pero que nos siguen.

-Mantén la compostura, ¿quién nos sigue?.- Adela apenas podía vocalizar.

-Los lobos.- Elena la miró negando con la cabeza con una expresión incrédula.- Dijo que que no son…

-Mi hermano no continuaría nuestro viaje si los lobos realmente fuesen peligrosos, son solo animales y si intentan hacernos daño, nos defenderán.

Adela cerró la boca, mirándonos a Elena y a mí, esperando que una de las dos estuviese abierta a escuchar sus palabras pero era demasiado. Huir de mi hogar y ahora sucumbir ante el miedo por unos animales. 

Danza de LobosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora