No recordaba el comedor de Adan Myurr tan frío y apagado. Aunque el fuego ardía en la enorme chimenea que presidía la sala, no fue suficiente para hacerme entrar en calor. Las palabras angustiantes de Jana habían desencadenado unos temblores en mi cuerpo que no podía detenerla angustia agitaba mi cuerpo sin piedad.
Lynette dejó una infusión caliente frente a mí y me la bebí de golpe, con la esperanza de calmarme.
-Llegarán en cualquier momento, solo respira hondo.- Lynette acarició mi cabello, tomando asiento a mi lado.
Las ancianas irrumpieron en la sala visiblemente agitadas y cuando su mirada cayó sobre mí, supe que era cierto.
-¿Es cierto lo que dicen los sirvientes? -la duquesa habló mientras las ancianas tomaban asiento frente a nosotras.
-Me temo que sí, se ha dado la orden de cerrar la frontera hasta nuevo aviso.- Irena habló sin quitar sus ojos de mí.- Pero no sabemos cuánto durará, la guerra puede acabar antes de la primavera y pronto recibiremos noticias.
Mis hermanos. Mi padre. Nuevas imágenes grotescas aparecieron en mi cabeza. Tenía la sensación de que iba a vomitar en cualquier momento de los nervios.
-¿Entonces no hay noticias del mensajero?- pregunté reprimiendo las náuseas.
Las ancianas se miraron entre ellas, sus ojos esmeralda agraviados.
-Sí, Liara.- el rostro de Irial agraviado.- Encontraron su cuerpo cerca de la frontera hace días.
-No...no lo comprendo.- murmuré negándome a aceptar la realidad.
-Unos bandidos le quitaron todo lo que llevaba encima, lo apuñalaron y lo dejaron morir en el camino.- Irena me respondió con evidente dolor en su voz.
No me lo podía creer.
-¿Su familia lo sabe?- preguntó Lynette.
Las ancianas asintieron en silencio.
-Serán compensados económicamente, es lo único que podemos hacer.- hablé intentando fingir calma pero me era imposible pensar con claridad.
No solo había perdido el contacto total con mis hermanos. La carta en la que hablaba sobre la propiedad de Adan Myurr se había extraviado. Si los ladrones no eran simples rateros analfabetos, eso significaría que podrían hacerse con la propiedad.
¿Cómo había sido tan estúpida? Ahora mismo estaba bajo la constante amenaza de perder a mi familia, el castillo, el dinero...absolutamente todo. Sentí un pinchazo en el corazón y me llevé una mano al pecho.
-¿Qué te ocurre, Liara? - Lynette se inclinó sobre mí para inspeccionarme.
-Tan solo necesito calmarme, es todo.- esbocé la sonrisa más convincente que pude, las ancianas no parecían convencidas.
No podía dejar que se enteraran del problema del castillo. Tenía que hacer algo.
-Nosotras tenemos que hacer unos recados antes de la noche.- Irena se dirigió a su hermana con una mirada extraña.
-Cierto, volveremos antes de la cena.- Irial asintió.- Descansad, niñas. No hay nada que podamos hacer ahora.
Irial me lanzó una mirada preocupada mientras su hermana abandonaba el salón y aunque pausó para decir algo, se arrepintió y siguió su camino.
Sabía perfectamente a dónde se dirigían.
-Voy a salir.- hablé con la vista fijada en el fuego.
-Imagino que necesitas una buena distracción, yo te cubro.- la duquesa habló con una sonrisa felina.
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Danza de Lobos
FantasyCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
