Contuve la respiración varios segundos bajo el agua, cerrando los ojos y poniendo la mente en blanco. Recuerdos oscuros de la noche en el manantial volvieron a mi mente como relámpagos, imágenes sangrientas y distorsionadas de lo ocurrido.
-No quiero preocuparte pero la duquesa y su hermana casi se matan en el pasillo.¿Liara?- emergí de la bañera, apoyándome en los bordes para darme impulso.- ¿Qué estabas haciendo?
-Solo quería dejar la mente en blanco.- suspiré con frustración.-¿Qué vamos a hacer? No quiero ni imaginar cómo sería el castillo ahora mismo de haber llegado todas las damas, dudo que tuviese tiempo para pensar en mí misma.
-Tienes razón, esto es solo un bache pero deberías hablar con la duquesa.
-Y decirle, ¿qué? No quiero saber lo que hacían con esa ortiga…- negué asqueada.
-Una prueba de embarazo.- me contó Jana extendiendo una toalla limpia para mí.- Se orina sobre ella y si se vuelve negra, confirma que está cinta, dudo que lo hiciera sin sospecharlo antes.
Me envolví en la toalla como una niña y caminé descalza para sentarme frente al fuego.
-¿Podrías hacerla llamar? Si no sé qué decir, al menos debería escucharla.
-Yo sí que la he escuchado, está claro que no quiere parir a la criatura.- me contó mientras ordenaba la habitación.- Ha ordenado a la hermana que no escriba ninguna carta al duque, no quiere que lo sepa.
-¿Por qué no iba a querer que lo supiera?- me acurruqué aún más cerca del fuego, ignorando el picor de las llamas sobre mi piel.- Es su marido y estamos en guerra, una noticia así podría ser alentadora.
-A lo mejor la criatura no es del marido.- Jana y yo nos miramos dándonos cuenta del pequeño detalle.
Cierto, Lynette no solo era una duquesa, sino también una dama de la corte. Llevaba una vida desenfrenada y alborotada, llena de fiestas y secretos. Y había dejado muy claro que para ella esto sería un descanso de aquel hombre.
-Hazla llamar lo antes posible, me vestiré yo misma.Gracias, Jana, deberías volver con tu hermano.- ordené haciéndola marchar.
Me puse un vestido largo de algodón sencillo por encima de un camisón limpio y seco. Sobre él, até un sencillo corsé de piel de vaca y me calcé con unas botas cómodas y sencillas.
Adela cruzó mi mente en más de una ocasión mientras trenzaba mi cabello frente al espejo. Podía percibir una mejoría con cada amanecer pero anhelaba escuchar su voz de nuevo.
-Mi señora, soy Jana.- escuché a mi amiga decir detrás de la puerta antes de abrirla.
-Pensé que ya habrías vuelto al pueblo.- me di la vuelta para encontrarla temblorosa y con las mejillas enrojecidas.- ¿Qué sucede?
Me levanté para dirigirme a la puerta cuando Lynette entró, más nerviosa y decidida que Jana.
-No fingiré cortesías ni saludos, creo que ya sabe de lo que vengo a hablarle.- estaba claro que aún llevaba el mismo camión que la noche anterior y su cabello rubio y alborotado dejaba claro que continuaba alterada.
-Tome asiento, por favor. Jana, puedes retirarte si así lo deseas.- me acerqué a la duquesa para guiarla hacia una de las sillas de madera frente al fuego.
-No, quiero que se quede, las necesito a las dos. Estoy en cinta, creo que ya lo sabe.- asentí, ambas tomamos asiento y Jana se mantuvo de pie entre ambas, mordiendo sus uñas.- Sé que en la corte existe un hombre que puede procurar elixires y venenos, sustancias útiles en ciertas situaciones.
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Danza de Lobos
FantasiCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
