Capítulo 39

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Dejó un saco de tela sobre mi mano, apenas tan grande como mi palma.

-Dale esto a tu amante justo antes del acto, solo tiene que masticarlo y tragárselo.- se cruzó de brazos satisfecho.

-La verdad es que no necesito...- intenté devolvérselo pero se negó en rotundo.

-Claro que no, preciosa.- me respondió con sarcasmo, pero coloco sus manos sobre mis hombros y me miró a los ojos con extrema seriedad .- El antídoto que va a tomar tu amiga es muy peligroso, un último recurso y créeme cuando te digo que lo que va a pasar no será bonito. Hazme caso y guárdalo, me lo agradecerás.

Me soltó abruptamente para comenzar a rebuscar entre las estanterías de la pared y reunir cuencos, frascos y líquidos de dudosa procedencia.

-Deja las monedas donde quieras, tardaré un par de horas en tenerlo todo listo.- habló ahora inmerso en su trabajo.

Me apresuré en coger las monedas para contarlas, hice dos montones y las coloqué sobre la mesa.

-Perfecto, ahora puedes marcharte.- sin darse la vuelta ni prestarme la más mínima atención, me hizo un gesto para que me marchara.

-¿Entonces vuelvo en dos horas para recogerlo?- levantó la cabeza de golpe para mirarme y me fijé en el brillante pendiente de oro que llevaba en una de sus orejas.

-Claramente no, preciosa.- frotó una mano sobre su sien.- Da igual, ve al garito de Meirun y dile que vas de parte de su amigo, te dará una mesa especial y mandaré a un chico con el paquete cuando esté listo.- asentí no muy convencida.- Ahora márchate y date una vuelta, necesito trabajar en silencio.

Cuando salí del árbol, Tristan parecía haber entablado una agradable amistad con el guardia, que hacía tan solo un rato había amenazado con la mirada.

-Liara, ¿todo bien?- pude ver como se relajaba su cuerpo cuando asentí y le dediqué una leve sonrisa.

-Todo perfecto, ¿dónde está el garito de Meirun? - pregunté al guardia.

-Volved al camino principal del mercado y veréis un árbol con luces de todos los colores.- indicó vagamente y se despidió de nosotros con un asentimiento antes de desaparecer en el interior del árbol.

-Mi nuevo amigo me ha contado que su amo es un poco maleducado, ¿de veras no te ha puesto ningún problema? - negué mientras volvíamos hacia el mercado.

Las luces volvieron a envolvernos y la música subió el volumen. Nos detuvimos frente a un grupo de músicos ataviados con ropajes escarlata y amarillos, tocaban con flautas, tambores instrumentos de cuerda que no había visto en mi vida, pero su melodía era alegre y te invitaba a bailar. Varios grupos formaron un círculo a su alrededor y sin previo aviso, la multitud comenzó a bailar.

Una chica de mi edad con el pelo rubio y trenzado como hilos de oro puro sacó a bailar a su amiga pelinegra, ambas girando alegremente y moviendo sus cuerpos al ritmo de la música. Otras se unieron y un par de jóvenes apuestos se animaron a bailar con ellas, mirándolas con evidente deseo.

Miré hacia mi derecha, elevando los ojos para encontrarme con los iris brillantes y dorados de Tristan. Algo brillaba en sus pupilas y mi vista viajó hacia sus labios. Una corriente de calor viajó desde mi pecho hasta la parte baja de mi estómago, derritiéndose entre mis piernas.

Podría jurar que habría estado a punto de devorarme pero su mirada abandonó la mía, observando algo o alguien detrás de mí y sus ojos se ensombrecieron. Cuando quise darme la vuelta, tiró de mí para esconderme entre su pecho y me colocó la capa para esconder mi rostro. Volvimos a perdernos entre la multitud, avanzando deprisa pero sin correr, todas las copas de los árboles contaban con iluminación pero solo una tenía luces que representaban todos los colores del arcoíris.

Danza de LobosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora