Cuando me desperté a la mañana siguiente, lo primero que hice fue analizar toda la conversación de la noche anterior. Todo lo que me había contado, cómo me había abrazado, su rostro enigmático y a la vez tan expresivo.
Algo dentro de mí se retorció cuando recordé cómo había hablado sobre mi futuro. Teniendo a Lynette como ejemplo, era muy probable que compartiese un destino similar al suyo y estaba aterrada. Aunque no imaginaba una vida sin hijos, tenía muy claro que los quería pero no como una obligación. Tampoco quería alejarme de mi padre y mis hermanos, abandonó todo lo que conocía me cerraba aunque pensándolo bien, lo que conocía tampoco era ideal.
Tan solo quería estar cerca de mis hermanos.
-¿Puedo pasar? Soy yo.- escuché la voz agitada y nerviosa de la duquesa detrás de la puerta.
-Sí, por supuesto.- me levanté de la cama.
Agradecía haberme dado prisa para vestirme. Llevaba un vestido más adecuado para el frío que había llegado al bosque y en consecuencia al castillo. El otoño pronto llegaría y en estas tierras cercanas al norte, era importante prepararse para el frío.
Había elegido un vestido sencillo de color carmesí que ubría mi cuello al completo. No era muy ceñido, pues al ser un vestido que acostumbraba a utilizar en mi hogar apenas marcaba mis atributos femeninos. Sus mangas largas y anchas caían de forma elegante a la altura de mis nudillos. Era sencillo, apropiado para una señora que no planeaban salir de su hogar.
La duquesa entró rápidamente y cerró la puerta, suspirando aliviada. De nuevo vestía de negro, con un vestido muy similar al mío pero más ornamentado con costuras doradas y un pequeño lazo blanco sobre su pecho. Estaba claro que las modas de la Corte eran extravagantes cuanto menos.
-Es por mi hermana, creo que ha perdido el sentido.- realizó una reverencia apresurada para sentarse sobre mi cama.- Quiere contárselo, ayer la descubrí escribiéndole una misiva para contárselo todo.
Maldita niña.
-Pero es tan pequeña. ¿Por qué está haciéndote esto? - la duquesa dirigió su mirada cristalina al suelo de la alcoba cuando escuchó mi pregunta.
-Porque me odia, porque no poseemos una sola gota de sangre noble y la única razón por la que estoy casada con el duque es porque soy una cortesana y en ausencia de una esposa que pudiese darle un heredero sano, se fijó en mí y nos arrastró hasta su palacio para que me casara con él. Llevamos tres años casados y aún no le he dado un hijo, mi hermana cree que debería ocupar mi lugar. Él ha comenzado a fijarse en ella.- no encontré palabras cuando escuché la última frase salir de su boca.- Si le doy un hijo, no podré escapar, él nunca dejaría a su hijo sin vigilancia, pero si continúa interesándose por mi hermana…
-Entiendo, encontraremos la manera de hacerla entender.- tomé sus manos temblorosas y las alcé con las mías.
-Gracias, no sabes lo que significa esto para mí.- su rostro de color porcelana se había teñido de un rosa chillón alrededor de sus ojos y nariz.- Mi hermana nos espera para almorzar, pero antes, ¿alguna novedad?
Pareció recomponerse poco a poco cambiando de tema mientras alejaba sus manos para alisar las arrugas de su vestido.
-Tenemos el ingrediente pero desconozco completamente la receta.- negué con la cabeza.- No desesperes, he hablado con alguien que podría ayudarme.
-De acuerdo, me temo que no quiero exigir demasiado pero mi condición pronto será visible. Seréis recompensados con generosidad pero debéis daros prisa.- habló en un tono más bajo, girándose para observar la puerta.
ESTÁS LEYENDO
Danza de Lobos
FantasiCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
