-Agárrate bien, voy a ajustarlo todo lo que pueda.- me aferré a la silla mientras soportaba los tirones de Lynette.
El corsé escarlata que habíamos elegido era excesivamente provocador, con encajes negros deslizándose por el escote y los laterales, su tela deliciosamente suave pero firme marcaba curvas de mi cuerpo que incluso yo desconocía. Cuando era duquesa terminó de ajustar el lazo negro de mi espalda y creí que dejaría de respirar, me ayudó a erguirme.
-Creéme cuando te digo que los hombres de mi país se postrarían a tus pies por una sola mirada tuya.- colocó el espejo frente a mí para que pudiera analizar mi reflejo.
Dios santo. Nunca me había visto tan...diferente. Lynette había adornado mis ojos marrones con un pigmento negro y utilizado un delicado pincel para darles una forma casi felina. Jana dejó mi cabello suelto, ondulándolo ligeramente para que cayera hasta mi cintura con libertad, apartando varios mechones de mi rostro con la peineta de rosas doradas y rubíes. Adela, como la maravillosa costurera que siempre había sido, tomó uno de mis vestidos rojos y cortó la falda, creando un conjunto a juego con el corsé. Bajo la falda, unas botas cómodas y sobre mis brazos desnudos, mi capa roja.
-¿Estás segura de que no moriremos de frío?- Adela preguntó a Jana mientras la ayudaba a ponerse su vestido.
-Os lo prometo, aparte de las tres hogueras, rodearán los caminos con antorchas para mantener el calor y hogueras más...¡No puedo respirar!- jadeó la pelirroja cuando Adela terminó de apretar su corsé esmeralda, un conjunto similar al mío pero único.
Habíamos estado preparando nuestros conjuntos los últimos cuatro días, Lynette y yo pusimos a disposición nuestros armarios, el de la duquesa increíblemente más lujoso y extravagante que el mío y con algunos de sus vestidos antiguos, cosimos y creamos piezas únicas a nuestro gusto.
Había disfrutado tanto de la compañía y la distracción, cualquier cosa era buena para dejar de lado los pensamientos intrusivos que me atacaban cada noche. El momento que más temía era aquel en el que me podía incertidumbre y a altas horas de la noche, colocaba un chal sobre mis hombros para salir a la balaustrada. Tristan no estaba allí. Después de tres noches, no había aparecido.
-Ahora yo, quiero que aprietes hasta que me quede sin aire.- la duquesa me dió la espalda para que apretara su corsé, este negro, decorado con flores de tela plateada por los bordes y mucho más pequeño que el mío.
Adela se acercó a mí, y entre las dos conseguimos apretar la pieza de tela.
-Más, sé que puede ser más estrecho.- replicó la duquesa jadeando, aferrándose a la piedra de la chimenea con los nudillos blancos.
-No podrás bailar ni beber, tampoco acercarte a ningún hombre si mueres asfixiada.- respondió Jana con sorna.- Ahora, te toca a tí Adela.
Jana y Lynette se dispusieron a ayudar a Adela mientras me dirigía a mi escritorio para ponerme mi caracola brillante. Era hermosa y aunque tal vez no conjuntara con mi atuendo, quería que Tristan se fijara en ella desde las sombras.
-¿Sabéis ya lo que queréis quemar en la primera hoguera? -preguntó Jana con curiosidad mientras apretaba los lazos del corsé.
-Mi hermana, sin duda, pero dudo que aquí esté bien visto el fratricidio.- mencionó la duquesa con naturalidad mientras maquillaba a Adela con sumo cuidado.
Sus heridas habían sanado muy bien aunque la piel alrededor del ojo aún se veía rojiza.
-Yo llevaré algunas de mis vendas.- murmuró, todas la observamos con cariño.
-Yo aún no lo he decidido.- mencioné colocando el colgante sobre mi pecho.
-Pues creo que me conformaré con una de las camisas de mi marido.- añadió la duquesa. ¿Y tú, Jana?
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Danza de Lobos
FantasyCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
