Explicarle a Jana porqué había aparecido en la alacena absolutamente empapada fue más fácil que subir las escaleras sobre sus hombros. Había corrido como nunca lo había hecho en toda mi vida, saltando y esquivando árboles, perdiéndome entre varios caminos y tropezando hasta cruzar la puerta de la alacena, donde me había desplomado justo cuando Jana colocaba varias de las verduras que habían sobrado aquél día.
-Gracias a los cielos que has llegado, casi desfallezco cuando subí a tu alcoba y no pude encontrarte.- me ayudó a sentarme en la cama.
Agradecía tanto haber vuelto al castillo, todo mi cuerpo ardía por el cansancio y el dolor.
-Encargué un baño para tí y he mantenido vivo el fuego para que no sospecharan, métete en el agua antes de que lleguen del pueblo.- Jana me ayudó a deshacerme de mis ropajes empapados, se habían pegado a mi cuerpo y era tremendamente difícil deshacer los lazos.
-Eres un verdadero cielo, amiga mía. Alcánzame uno de los sacos que hay en el baúl de la esquina.- me deshice de mis botas mientras Jana buscaba agachada entre el equipaje que aún no había deshecho.
Necesitaba unas sales de baño que pudiesen recomponer mis músculos.
-¿Liara, estás ahí? - la voz de Irena retumbó tras la puerta y sin pensarlo, me sumergí en el agua humeante.
Aún tiritaba por el frío y apenas sentía los dedos, por lo que no noté la mordaz quemadura del agua casi hirviendo.
-Sí, la señorita está tomando un baño.- Jana respondió por mí, indicándome que no hablara, pues aún no podía parar de castañear los dientes.
-Entiendo, dejaré estas cartas junto con su cena en el pasillo.- escuchamos el ruido de una bandeja y pasos a lo lejos.
Cartas. Por fin tenía correspondencia de mis hermanos. Por fin pude suspirar con tranquilidad y sumergirme en el agua.
-¿El azul o el verde?- Jana admiró los grandes sacos de telas coloridas y transparentes de sales de baño. Sus agradables fragancias inundaron la habitación.
-Ambos, y el albornoz de pelo, por favor.
Jana me había colocado un taburete con la cena y una recién descorchada botella de vino junto a la bañera donde había vaciado el contenido al completo de las sales de baño.
Ahora flotaba y mis músculos habían dejado de protestar pero aún notaba calambres en los gemelos. ¿Podría acaso mantenerme lejos de los problemas? Estaba claro que tenía un don para meterme en las peores situaciones posibles aunque gracias a cierto hombre, siempre salía de ellas.
Terminé de llevarme a la boca el último trozo de pollo asado y miré las cartas sin abrir a mi lado. Dos cartas, tan solo dos Y me aterrorizaba abrirlas. Una de ellas podría pertenecer a mi padre y a uno de mis hermanos. O ambas podían pertenecer a dos de mis hermanos, lo que significaba que uno de ellos no me había escrito. Lo que podía significar que algo malo había pasado.
Suspiré, indispuesta por mis cavilaciones y me incorporé para tomar la botella de vino aún sin empezar y me serví una generosa copa que no tardé en beberme para servirme la otra. Sin embargo, no fue hasta que me serví la tercera que encontré que tomé la primera en mis manos.
Era el sello de mi padre sobre un pequeño círculo de cera carmesí. Abrí el papel donde se encontraba su mensaje.
" Querida hija, espero que mi carta te encuentre en buen espíritu. Tu hermano nos contó que el viaje fue largo pero no sufristeis percance alguno, lo cual me llena de orgullo..."
¿Cómo se las habría ingeniado Dorian ocultarle lo sucedido?
"Es vital que mantengas la templanza hasta que regresemos por tí, pues aunque las tropas de nuestro rey son fuertes, tardaremos en ganarles cada batalla. Mantenme informado con discreción en tu próxima carta.
Te quiere, tú padre."
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Danza de Lobos
FantastikCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
