-Tan solo quédate conmigo, por favor.
El agua nos rodeaba en un silencio espeso, casi expectante. Tristan permanecía inmóvil, su atención completamente sobre mí, incapaz de apartar la mirada. Yo tampoco podía, era consciente del calor entre mis piernas, de la sensación tan desesperante, algo dentro de mí gritaba que debía besarlo, colocarme sobre él y...no me atrevía a nombrarlo.
-Entonces no deberías mirarme así, me lo estás poniendo muy difícil.- murmuró serio, inclinando su cabeza.
Sabía que estaba mirando mis pechos, apenas sobresalían del agua pero su forma estaba clara.
-Te deseo.- dijo al fin, sin rodeos, con una honestidad que rompió mi coraza.
-Yo también te deseo.- confesé, era hora de decir la verdad.
-Mi cuerpo no conoce límites cuando estoy cerca de tí y eso ahora mismo es muy peligroso.- continuó su confesión.
-¿Hay algo más aparte de deseo? - dejé escapar me pregunta con el corazón en la garganta.
Sus ojos se abrieron de golpe, como si mis palabras fueran un puñal. Durante un instante pensé que no respondería.
-Sí.- admitió bajando la mirada hacia sí mismo con la voz rota.- Hay algo más.
Mi pecho se apretó.
-Nunca ha sido solo deseo, me importas más de lo que puedo permitirme. Más de lo que es seguro para ambos.
El agua tembló ligeramente cuando apoyó los antebrazos en el borde de la bañera para inclinarse ligeramente sobre mí, me hundí en el agua bajo él, tapando mis pechos con las manos.
-No puedo permitir que te entregues a mí, no ahora. Hay partes de mí que aún no domino y sombras que no deberían tocarte nunca.
Sus palabras sí eran puñales, afilados y dolorosos que se clavaban en mi corazón una y otra vez.
-Lo entiendo...
-No quiero que pienses que te estoy rechazando, si me detengo, si elijo contenerme....- sus ojos se fijaron en los míos y en aquel instante, cometí un terrible error.
Cerré los pocos centímetros que había entre nosotros y me apoderé de sus labios con pura necesidad. Al principio fue un roce inseguro, suave, hasta que él tomó la iniciativa y perdió el control por completo. Sus labios tomaron los míos con egoísmo, besando, devorando, sus dientes mordiendo levemente mi labio inferior y haciéndome gemir. El gruñó satisfecho, y uno de brazos rodeó mi espalda para acercarme a él, con el otro tomó mis muñecas, descubriendo mis pechos sensibles, los miró con lujuria antes de acercarme a él con fuerza, haciendo que chocaran contra su pecho duro y firme, sentí su miembro erecto rozando mi muslo...
Con un movimiento brusco, me soltó y se levantó de la bañera, el agua cayendo en cascada a su alrededor y salpicándome.
Volvió a posicionarse detrás de mí, impidiendo que lo viera.
-Esto es lo único que puedo darte ahora.- murmuró.
-Es suficiente.- respondí.
-Me quedaré aquí hasta el amanecer, puedo dormir en el suelo.- no habló más y me sumergí en el agua aún caliente con pudor.
Intenté hacerlo recapacitar durante horas pero al final el cansancio me pudo y acabé rendida. Él se tumbó en el suelo, envuelto en una gruesa manta de pelo y a juzgar por su aspecto la mañana siguiente, no parecía estar cansado. Me colé en la alcoba de Dorian aún temprano para robarle un par de pantalones, una camisa y una chaqueta de cuero que había dejado. Después bajé a la cocina y aprovechando que estaba aún desierta, tomé varios pedazos de queso, empanada de carne del día anterior y un racimo de uvas.
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Danza de Lobos
FantasyCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
