Capítulo 50

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-¿Dónde está Adela?- Jana deshizo la trenza de su cabello mientras se ponía cómoda frente a la chimenea de mi alcoba.

-Se ha acostado pronto, dijo que le dolía la cabeza.- vacié la botella de vino en su copa mientras cruzaba las piernas frente al fuego.

La hermana de Lynette había enfermado y aunque era un simple catarro, la duquesa se sentía obligada a cuidarla y no pudo asistir a nuestra reunión nocturna en mi alcoba.

-Entonces nosotras dos, cómo al principio.- alzó su copa para brindar conmigo.- ¿Sabes que me encontré a uno de los chicos del carro en el pueblo? Me preguntó por tí.

Ambas reímos como desquiciadas, estábamos demasiado ebrias.

-Espero que le dijeras que no estaba interesada.- mi amiga negó entre risas.

-El invierno es largo aunque sería mejor que no te mezclaras con los chicos del pueblo, siendo la señora de Adan Myurr y todo eso...- bebió de su copa con la mirada fija en el fuego.

-Cierto...- me metí un pedazo de queso en la boca justo cuando Jana se giró hacia mí, con una sonrisa divertida en su rostro.

-¿Y tu chico de la hoguera? Era el mismo de las otras veces, ¿dónde está?- me encogí de hombros al escuchar su pregunta.

-Cerca de la frontera, debería estar de vuelta muy pronto.

-Lo echas de menos.- su voz enternecida me obligó a asentir, admitiéndolo.- ¿Dirías que estás enamorada?

-Yo...no lo sé, siempre está ahí. Justo cuando le necesito, incluso aunque no quiera admitirlo. Sabe qué decir, qué hacer...me escucha y me calma sin pedir nada a cambio.-  sabía que estaba divagando cuando Jana comenzó a reír.

-Y te entregaste a él.- alzó las cejas y asentí sin pudor.- Tengo curiosidad, es una tontería pero tenía entendido que las nobles debéis llegar vírgenes al matrimonio.

-Es cierto.- bebí una vez más de mi copa mientras Jana elaboraba sobre sus dudas.

-Entonces tú estás enamorada, te has entregado a otro hombre y...- pausó algo alarmada.- ¿Qué vas a hacer?

-No te estoy entendiendo.- dejé la copa en el suelo mientras acariciaba mi largo cabello, sus ondas castañas llegaban más allá de mi cintura.

-Liara.- me reclamó con los ojos abiertos como platos entre carcajadas exageradas.- La guerra acabará en algún momento y vas a tener que decidirte. Él o tu familia, es cuestión de tiempo.

-Lo aceptarán, creo.- esta vez fui yo quien rió nerviosa.

-¿Y si no lo hacen?- había verdadera preocupación en su voz, tomó mi mano libre y nos miramos.- A lo mejor no es el amor de tu vida pero...Lynette me ha hablado de sus años en la corte, como la prometieron con un desconocido y me da miedo que corras la misma suerte.

-Espera, espera. No quieres que me marche.- mi pregunta no la sorprendió.

-No.- negó ligeramente.- Sé que cuando llegaste estabas mal y pasaron cosas horribles, Adela apenas se ha recuperado pero es la primera vez en mi vida que tengo amigas. Lynette me cuenta historias y me regala ropa, Adela me ayuda en mis tareas y me escucha y tú...Liara, todo esto es gracias a ti.

Varias lágrimas se derramaron a lo largo de su rostro pecoso e hice lo mismo.

-Jana...no sé qué decir.- me acerqué a mi amiga y la abracé estrechamente.

-Sé que es egoísta pero han pasado muchas cosas y no quiero agobiarte, suficiente tienes ya.- me apartó para secarse las lágrimas y esbozó una sonrisa con los ojos enrojecidos.- Solo quiero que pienses en lo que sería tu vida allí, si merece la pena volver o quedarte aquí con nosotros.

Danza de LobosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora