-Entonces Alaric y tú lleváis mucho tiempo juntos.- asumí y Adela asintió.
Caminábamos por un estrecho pasadizo tallado en la piedra, con Adela delante de mí para guiarme. Las antorchas a los lados iluminaban el camino, su brillo rojizo contrastando contra la piedra oscura, la rocé con los dedos, notando las rugosidades de las rocas.
-Desde la noche de las hogueras. Prometió volver a verme y aunque no le creí, apareció a los pies de mi ventana a la noche siguiente.- habló feliz, y se dio la vuelta para dedicarme una sonrisa soñadora antes de volver a girarse para continuar su camino.- Nos encontramos aquí siempre que podemos, aunque esta vez quería venir sola a comprar unas cosas.
Callé, intrigada por sus palabras y continué siguiéndola hasta el final del túnel, donde luces de colores iluminaban la salida. Cuando por fin llegamos, Adela apoyó sus manos sobre una balaustrada tallada con la propia piedra de la cueva.
Después de tanta oscuridad, mis ojos tardaron en acostumbrarse a las hermosas luces de colores que llenaban aquel mundo subterráneo. Era impresionante, una cueva tan abismal y gigantesca que podría contener decenas de castillos. Un enorme río subterráneo, cruzaba la parte inferior y sobre este decenas de puentes conectaban ambos lados de la cueva con cavernas talladas sobre la piedra.
Tenían faroles de colores colgados de los puentes y puestos con telas de colores como las del mercado de las luces. Era un mundo completamente aislado del exterior y a salvo del frío, un contraste perfecto con el lugar que había visitado con Tristan.
Escuchaba música y voces alegres, ecos de risas y niños corriendo por los puentes de piedra que unían ambos lados de la enorme cueva. Me incliné aún más sobre la balaustrada para ver como muchas de esas cavernas eran profundas y había pequeñas ventanas que dejaban salir las luces desde dentro de la piedra.
-Es espectacular, ¿a qué sí?- Adela no podía dejar de sonreír.
-El mercado de las luces es precioso pero este lugar es...indescriptible.- murmuré sin aliento.
Adela tiró de mi mano para que la mirara a la cara.
-¿Cómo conoces ese lugar? - frunció el ceño y mordió su labio inferior, preocupada.- Alaric me habló de él.
-Adela yo...- tenía que decírselo.- Tristan me llevó allí, lo conozco casi desde que llegamos al castillo.
-No me lo puedo creer.- cubrió su boca con ambas manos, su único ojo abierto de par en par.
Recuerdos del ataque en el manantial cruzaron mi mente durante unos segundos.
-No sé qué decir, pensé que si te molestaba tanto lo que yo había hecho era porque tú me habías contado toda la verdad, pero...- negó con la cabeza.- Ambas nos hemos equivocado.
-Lo sé, ojalá hubiéramos confiando la una en la otra.- hablé arrepentida.
Adela pareció perderse en su propia mente durante varios segundos, me soltó la mano y recolocó su flequillo rubio cenizo sobre su ojo herido.
-Está bien pero creo que deberías venir conmigo, tenemos que hablar.- una pareja de chicos entró el balaustrada por donde habíamos venido y bajó por unas escaleras talladas en la piedra justo detrás de mí.- En privado, sígueme.
Mi amiga pasó justo detrás de mí para comenzar el descenso por las escaleras de piedra hasta que llegamos a un nuevo camino. A nuestra izquierda, pequeñas cuevas talladas en la piedra con forma circular, cortinas de colores a ambos lados de su entrada y varias personas dentro, eran tiendas. A nuestra derecha, un camino delimitado por un pequeño muro de piedra donde muchas parejas se sentaban, tomándose de la mano, bebiendo o compartiendo pequeños bollos humeantes.
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Danza de Lobos
FantasyCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
