A veces tenía la sensación de que cuando llegaba la noche, el viento que agitaba las hojas de los árboles se convertía en voces. Algunas susurraban, leves y contenidas, otras eran alaridos de víctimas de criaturas como el merodeador.
Dejé la copa de vino sobre la balaustrada para saludar al par de ojos dorados que me observaban desde la oscuridad del bosque. Había mantenido su promesa de vigilar los alrededores. El lobo me observaba los agazapado, cauteloso y alerta. No se acercaba. No hacía ruido. Simplemente… permanecía. Como si su única tarea fuera asegurarse de que nada cruzara ese límite invisible que había trazado a mi alrededor.
-Sé que el vino te ha dejado acalorada, pero si no entras con nosotras enfermarás seguro.- Jana colocó un grueso chal de pelo sobre mis hombros.
-Estoy bien aquí, tan solo necesitaba tomar un poco de aire fresco.- respondí mirando a la pelirroja, me observaba extrañada, bebiendo de su propia copa de vino.
-¿Dónde está tu cabeza ahora mismo? Últimamente estás…ausente.- sus palabras se clavaron en mí.
Mi padre y su enfermedad, Dorian y su irresponsabilidad, mis hermanos luchando cada día por el reino…y Tristan. El lobo negro de ojos dorados que me visitaba cada noche. Desvié mi mirada hacia el bosque, esperando verlo aún entre las sombras pero no estaba ahí, se había marchado. Tuve que dejar a un lado la decepción que sentía.
-Discúlpame, es normal que estés así con tu padre y tus hermanos en peligro constante.- Jana negó con la cabeza.
-Estoy bien, solo necesito distraerme un poco.- cogí mi copa de vino de nuevo y juntas volvimos a la alcoba.
Adela y Lynette se habían sentado sobre la alfombra frente al fuego, charlando animadamente sobre unos adornos para el pelo que la duquesa había traído.
-Liara, ¿cuál de los dos prefieres?- me mostró dos peinetas doradas, una con rubíes y detalles de rosas, la otra con esmeraldas tan grandes como mis dedos, era más una corona.
-La de rubíes, las rosas son espectaculares.- el trabajo de orfebrería de aquella pieza era hermoso.
-Entonces te pondrás esta.- me la entregó con una sonrisa antes de rebuscar en un baúl de madera que había subido.
La tomé en mis manos, tan atónita como agradecida.
-Es preciosa pero a menos que organicemos un banquete en el castillo no se me ocurre ningún evento en el que pueda llevarla.- tomé asiento en la alfombra entre Jana y Adela.
Las tres se miraron entre ellas, con los ojos abiertos y muecas de confusión.
-Liara…- Adela no pudo terminar, parecía preocupada.
-Yo lo diré, estás ida. Llevamos horas hablando de la celebración del solsticio y tú llevas horas completamente perdida en tu cabeza.- me reclamó alzando la voz pero su rostro se suavizó al instante.- Sé que tienes mucho lo que pensar pero tienes que dejarte ayudar y por una vez en la vida, pensar en tí primero.
Cierto, nos habíamos reunido para pasar una noche agradable y yo había hecho lo de siempre, encerrarme en mí misma.
-No pasa nada, es normal que esté preocupada. Puedo volver a contarlo.- Jana tomó una jarra de plata llena de vino y se la pasó a Lynette, quien se sirvió a sí misma y a Adela.
-Sí, por favor.- sonreí a mi amiga.
La verdad es que nunca había tenido amigas, no viviendo con mi padre. Los nobles cercanos a nosotros tan solo habían tenido hijos varones, por lo que mi círculo quedaba limitado a mis damas de compañía. Me sentía tan a gusto, tan arropada con ellas.
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Danza de Lobos
FantasíaCuando estalla la guerra, Liara es enviada al castillo de su familia para mantenerse a salvo. Pero en el camino, lo imposible ocurre: es atacada por criaturas monstruosas... y salvada por algo aún peor. Un ser oscuro la reclama, un mundo desconocido...
