estoy bien.

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ENTRARON en el establecimiento por una puerta, ya que entraba gente que antes de que se cerrara entraron ellos

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ENTRARON en el establecimiento por una puerta, ya que entraba gente que antes de que se cerrara entraron ellos.

—Que gilipollez las MMA.—murmuró Johnny. Y le hablo al primero que vio.—Héctor Salazar, ¿lo conoces?—le preguntó Johnny.

—No sé quién es.—negó el hombre.

Se pararon frente a un hombre que estaba calentando.

—Buscó a un hombre: Héctor Salazar.—dijo Johnny.

Solo siguió calentando y Johnny pasó por su lado.

Robby tomó a Drizella de la mano, tomándola un poco por sorpresa.

—No te separes de mi.—le pidió Robby.—Este sitio no me gusta ni un pelo.

Drizella asintió y Robby siguió caminando.

Un hombre los había escuchado y marcó un número en el teléfono.

Estaba llamado a Héctor.

Ese hombre, es amigo de Héctor.

—¿Qué pasó?—le preguntó Héctor al contestar.

—Héctor, hay unos gringos preguntando por ti.—le contestó el hombre.

—¿Gringos? ¿Cuáles gringos? ¿Con quién vienen?

—Creo que son FBI.—contestó.

—Hijos de su puta madre.—maldijo Héctor.—Ellos no tienen jurisdicción aquí, mantenlos ocupados.—dijo y colgó.

—¿Va todo bien?—le preguntó Miguel.

—¿Con quién hablabas por teléfono antes?—le preguntó Héctor.

—Ah...—dudo Miguel, había hablado con su madre. Héctor se puso frente a él serio.—Con mi madre, para ver qué tal...—dijo rápidamente.

—No, no, no.—negó Héctor.—Entonces, ¿viniste a México sólo? Dímelo.—le preguntó muy serio.

—Sí. Iba de mochilero, ya te dije que...—empezó a decir Miguel.

—Sé que lo dijiste.—interrumpió Héctor.—¿Me estabas siguiendo?

—¿Qué?—preguntó Miguel.—No.—negó Miguel. Si lo seguía, pero no por el motivo que Héctor creía.

—¿Eres federal?—le preguntó Héctor con un tono más alto y molesto.

—No. No, no, no, claro que no.—negó Miguel asustado. Héctor intentó tomarlo de la chaqueta del traje.—Oye, pero, ¿qué?—le preguntó Miguel tratando de evitarlo, pero lo acabó agarrando igual.

—¡Oye!—le gritó para callarlo y le abrió la chaqueta, no llevaba micrófono. Lo soltó.—Dame tu teléfono.

—¿Qué? No hay nada. Solo soy un chico...—le dijo Miguel nervioso.

YOUTIFUL - Robby Keene.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora