Drizella Barker es una chica que vive en Reseda, sus padres y sus hermanos se fueron a vivir a las colinas, ya que los padres han montado una buena empresa y ahora se les considera ricos, no quieren seguir en Reseda, por lo que le manda a su hija c...
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DRIZELLA y todos los competidores estaban en el hall del hotel. Ya que iban a hacer un anuncio de última hora y Cobra Kai se marcharía ese mismo día.
Drizella estaba sentada en su maleta, apartada del resto, había perdido todo, a sus amigos, a Robby, y su oportunidad de ganar.
Por otro lado, Axel observaba a Sam y a Miguel desde lejos, de brazos cruzados y sin disimular su descontento.
—Es increíble. ¿Otro más?—se quejó Zara, mirando su teléfono al lado de Axel.—Dos patrocinadores me han dejado y tres me amenazan con hacerlo.—gruñó y miró a Drizella, que seguía apartada.—Si no hubieran eliminado a esa guarra, limpiaría el tatami con su cara.—soltó con desprecio.
Miguel se percató de la insistente mirada de Axel hacia ellos.
—¿Pero qué le pasa a ese tío?—se quejó, molesto. Sam volteó a mirar, y Axel apartó la mirada.
—La noche que volviste a casa... Me encontré con él en la playa. Estuvimos hablando y creo que malinterpretó las cosas. Intentó besarme.—confesó Sam.—Pero le paré los pies. No pasó nada.
—Mmm.—asintió Miguel con seriedad.
—Sabe que tengo novio.—añadió Sam mirando de nuevo a Axel.—Creo que no se lo ha tomado muy bien.
—Ya veo.—contestó Miguel, mirándola antes de volver la vista hacia Axel, que seguía observándolos. Con un gesto exagerado, Miguel levantó las manos señalándolo. Axel le devolvió una mirada desafiante.
Drizella, mientras tanto, silenciaba las constantes notificaciones de Instagram que llegaban a su móvil. Al parecer, se había vuelto viral en el directo de Zara, pero ella solo se concentraba en que haría en llegar a casa.
—Hola.—escuchó a su lado. Era Robby. Drizella alzó la mirada.—¿Te vuelves a casa ya?—preguntó Robby.
—¿A ti qué te parece?—respondió Drizella con sarcasmo, volviendo a bajar la mirada.
—¿Estás bien?—insistió Robby.
—Pues no, no estoy bien.—confesó Drizella mirándolo directamente.
—Oye, quiero...—empezó Robby, nervioso.—Quiero pedirte perdón. No debería haber dejado que Kwon me comiera la cabeza. Debería saber que tú no harías algo así.—se disculpó.—La presión me superó, y quería decirte que...
—Pues se ve que tú sí lo harías.—lo interrumpió Drizella, centrando la mirada en sus manos.—No quiero hablar ahora.—dijo con la voz temblorosa.—Todo ha salido mal. Igual que siempre.—añadió, mirando al frente sin dirigirle la vista a Robby.—La verdad es que no debería haber creído en nada.
—¿Eso me incluye a mí?—preguntó Robby, herido.
Antes de que Drizella respondiera, Kwon apareció en escena.