tuberías.

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MIGUEL estaba leyendo su carta para la universidad

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MIGUEL estaba leyendo su carta para la universidad.

Estaba el frente al portátil, a sus dos lados estaban Johnny y Drizella, Robby estaba detrás de su novia con sus manos en sus hombros. Carmen detrás de su hijo y su madre a su lado.

—...No todos tenemos que aprender a caminar dos veces.—leyó Miguel.—Pero todos hemos de aprender a levantarnos cuando nos caemos y a mantenerlos firmes. Y al final aprendí que los primeros pasos son más difíciles al segundo intento. Espero que mi siguiente paso me lleve a la Universidad de Stanford.—acabó y se escuchaban los sollozos de Carmen y Rosa.

—Qué orgullosa estoy.—dijo Carmen emocionada.—Voy a llorar.

—Es brillante.—le dijo Rosa a su nieto.—Es el mejor cuento desde Don Juan De Marco. Ay, ahora estoy llorando también.

—Ve más directo a la yugular.—le dijo Johnny.

—Te suplicarán que vayas.—dijo Drizella con una sonrisa.

—De acuerdo.—le sonrió Miguel a su amiga.—¿A ti qué te parece?—le preguntó Miguel a Robby.

Robby titubeó.—Es genial.—asintió Robby y Miguel rió.—Aunque yo quedo como el malo.

Miguel titubeó nervioso.—Cambiaré tu nombre.—se apresuró a decir Miguel.

—No, te estoy vacilando.—dijo Robby con tranquilidad.—Yo no solicitaré en Stanford, ni en ningún sitio.

—Venga, Robby. Los tres tenéis un gran futuro.—lo animó Johnny.

—Además, cuando ganemos el Sekai Taikai, se nos abrirán todas las puertas.—dijo Drizella con seguridad.

—¡Ay, mijo! ¡Ay, mijo!—dijo su abuela mientras lo abrazaba y lloraba.

Caían gotas al teclado del portátil.

—Eh, eh, cuidado con los lagrimones.—dijo Johnny.

Rosa se apartó pero las gotas seguían cayendo.

—¿Qué?—preguntó Rosa confundida.

Había una gotera en el techo, que se convirtió en un chorro porque la pared del techo se estaba rompiendo.

Todos gritaron hasta que se rompió el techo por completo y se alejaron viendo cómo caía el agua sucia.

Drizella tomó el portátil a tiempo.

—Trae perolas.—le dijo Miguel a Robby alarmado.

—La tubería del váter.—dijo Johnny con asco.—¡Huele a mierda!

Intentaron pararlo pero el olor era insoportable.

La familia Díaz tomó sus cosas para pasarse a casa de Johnny.

Drizella ayudaba a Miguel a poner sus cosas en la caja y a pasarlo a la habitación de Robby.

—¿Seguro que no queréis veniros a mi casa?—preguntó Drizella mientras caminaba.—Es más grande.

YOUTIFUL - Robby Keene.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora