da igual el dojo. tú sigues siendo de los míos.

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DRIZELLA salió del comedor intentando convencerse de que no le temblaban las manos

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DRIZELLA salió del comedor intentando convencerse de que no le temblaban las manos. No por Silver.
No iba a darle ese poder.

Siguió caminando por el hotel, todavía con la cabeza llena de Robby y Zara, de la sonrisa burlona de ella en el pasillo, de lo humillante que había sido verlo así después de todo. Después de pedirle tiempo y confiar en él igualmente.

Giró una esquina... y frenó al ver a Axel sentado en el suelo junto a una máquina de hielo.

Perfecto.

El capitán de los Iron Dragons levantó la vista al verla. Tenía una botella de agua entre las manos y parecía igual de inexpresivo que siempre.

Drizella hizo ademán de seguir de largo.—No fui yo.—dijo Axel de pronto.

Ella frenó apenas.—¿Qué?

Axel señaló vagamente el pasillo.—Lo de Zara.

Drizella soltó una risa seca.—¿Y eso qué tiene que ver contigo?

—Nada.—contestó él tranquilo.—Pero me estás mirando como si quisiera caerme encima una casa.

—No te estoy mirando.

—Claro.—asintió Axel.

Eso la irritó todavía más.—Tu compañera se tira a mi novio y ahora quieres tener una conversación civilizada conmigo. Increíble ambiente de equipo tenéis.

Axel ladeó apenas la cabeza.—No sabía que seguía siendo tu novio.—contestó. Ahí dolió y él lo notó enseguida.—Eso ha sonado peor de lo que quería.—admitió.

Drizella cruzó los brazos.—Pues felicidades. Lo conseguiste.

Axel soltó aire por la nariz, como resignado consigo mismo.—No soy bueno hablando con gente.

—Ya me había dado cuenta.

Hubo un pequeño silencio. Drizella seguía sin irse y eso ya era raro.

Axel dio un trago a la botella.—Zara hace lo que quiere.—dijo al final.—Siempre.

—Qué alivio saberlo.—contestó ella fría.

—No intento defenderla.

Drizella lo miró por primera vez de verdad y Axel sostuvo la mirada sin arrogancia. Sin esa tensión competitiva que tenían Kwon o Zara constantemente. Solo parecía... cansado.

—Entonces ¿qué intentas?—preguntó ella.

Axel se encogió ligeramente de hombros.—Supongo que evitar que me odies por asociación.

Eso casi le hizo gracia. Casi.

—No prometo nada.

—Me sirve.

Drizella negó con la cabeza y fue a seguir caminando, pero Axel volvió a hablar.—Ayer en el callejón.—dijo.—Cuando dijiste que Sam te había traicionado... no sonó como alguien enfadada.

YOUTIFUL - Robby Keene.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora