reencuentros.

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DRIZELLA y Tory estaban desempacando sus cosas en la habitación del hotel

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DRIZELLA y Tory estaban desempacando sus cosas en la habitación del hotel.

—¿Te ha dicho algo? —preguntó Tory, dejando su chaqueta sobre la cama.

—No le he dado la oportunidad —respondió Drizella, dejando sus sudaderas en el armario con brusquedad—. Robby me ha seguido, pero el ascensor se ha cerrado.

—¿Y no lo has evitado? Pensaba que tenías ganas de hablar con Robby.—le dijo Tory.

—Y quiero hacerlo.—añadió Drizella mirando a Tory.—Pero prefiero que se relaje antes de eso, no creo que verme de golpe en el otro lado le haya hecho sentir bien.

—¿Y por qué viniste detrás de mi?—le preguntó Tory.—El sensei Lawrence habría hablado con el sensei LaRusso para que tú pudieses pelear, eres su favorita.

—La presión me pudo.—añadió Drizella en un suspiro.—Y eso es otro tema, Johnny no tardará en buscarme.

Unos golpes en la puerta las sacaron de su cómoda conversación.

Tory le hizo un gesto para que se mantuviera en silencio.

Drizella se acercó a la mirilla y, tras un momento, abrió la puerta.

—En marcha. Los autobuses están listos —anunció Kim con su habitual tono frío.

—No hemos venido para hacer turismo —respondió Drizella, cerrando la puerta tras de sí.

Kim y Kreese entraron en la habitación con calma, como si no les importara el reproche, evitando que la puerta se cerrase.

—Vuestro equipo os espera —insistió Kim, ignorando el comentario.

—Ya, tampoco hemos venido por ellos —intervino Tory, rebuscando nuevamente en su maleta.

Kim le cerró la maleta de un golpe.

—Que quede claro una cosa —dijo Kim, con una mirada penetrante— Yo no os quería en el equipo, ni antes ni ahora.

—Pues aquí nos tiene —replicó Tory, sin titubear.

—No tenían una opción mejor —añadió Drizella, mirándola directamente.

Kim esbozó una sonrisa sarcástica y se giró hacia la pelinegra.

—Enseguida vi tu potencial. Pero también vi que eres débil. Lloriqueas, te distraes, y esos "intereses encontrados" te están consumiendo. Tu novio, tus dudas... —añadió con malicia.

La capitana apartó la mirada, tragándose el nudo en su garganta.

—Y porque usted me rompió la mano —replicó Drizella, levantando la cabeza.

Kim soltó una carcajada breve.—Te la rompiste sola. Ya sabía que no eras una líder.—le dijo Kim.

—Ni pretendo serlo —respondió Drizella con firmeza—. Acepté ser capitana para que no le haga daño a Tory, para estar en el último combate y porque usted insistió en alguien como yo.

YOUTIFUL - Robby Keene.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora