Escritora's Pov
Cuando Ana se adentro a la habitación roja, espero ser utilizada una vez más como un pañuelo sucio y fácil de usar, pero en vez de eso, se sorprendió al ver a Alejandra, sentada en la cama, con sólo su pantalón negro de vestir, sin sujetador, algo muy común en ella.
-A-Ama...¿En qué puedo ayudarle? - preguntó, bajando la cabeza al estar cerca de ella.
Alejandra ladeó su cabeza, y recargo su torso en las palmas de sus manos, las cuales poso detrás suyo y se logró sostener. Miró de arriba a abajo a la pequeña figura que estaba frente a ella, temerosa y nerviosa por lo que ella pudiera hacer o pedir.
-Debido al error que cometí el martes, estoy dispuesta a dejarme manejar a tu antojo - Ana rápidamente alzó la cabeza y miró con ojos sorprendidos a Alejandra. Y es qué, quizás ella aún no lo sabía, pero Alejandra reparaba sus errores, no con dinero, sino con un trato justo que ella estaba dispuesto a otorgar a la persona dañada.
Ana aún miraba sin poder creerlo del todo, empezaba a creer que Alejandra se había vuelto loca, y que quizás, aquella es una de las razones por las cuales la golpeó ferozmente, aparte del mal carácter que se cargaba. Su mirada divagó un momento en los látigos que ella había usado en ella de manera peligrosa y dolorosa.
Alejandra sonrió de lado y miró a donde ella miraba de reojo, regreso su mirada a ella y sonrió aún más.
-Anda, trátame justo como yo te trato a tí - ordena con voz neutra.
-N-No sé, si sea lo correcto, ama - menciono, sintiéndose insegura. ¿Será que le esté poniendo una trampa y cuando ella piense que quizás pueda tratarla y mostrarle un poco del mismo dolor que sintió, ella se dé cuenta de lo que ella quería hacerle? La castigaría lo más seguro.
-No debes de creer nada, tú solo hazlo, es una orden - su tono de voz empezó a mostrarse molesto, causando un poco de miedo en Ana, quien se encogió en su lugar. -Toma eso y regresa aquí - Ana miró el fuete que estaba en un carrito de metal, dudó en ir, pero no quería que Alejandra se molestará, así que, con pasos inseguros, camino hasta dicho carrito y tomo aquel fuete por el grueso palito de manera que estaba sosteniendo aquel pequeño dobles de cuero. Que causaba mucho dolor.
Ana regreso hasta enfrente de ella, quien sonrió al ver cómo ella miraba aquí cosa. Se enderezó sobre su lugar y mostró su pecho a Ana, quien negó al saber lo que ella estaba queriendo decir con aquel movimiento.
-N-No creo ser capaz de...
-¡Hazlo! - Ana pego un brinco en su lugar, cerrando la boca al instante. -Te juro que si no lo haces, voy a hacértelo a tí y te irá muchísimo peor que la última vez - amenazó, Ana mordió su labio inferior con fuerza. -¡Maldición, te voy a...! ¡Joder! - aquel exclamó sonó como un gemido.
Había sido golpeada por Ana, justo en un bícep, aquel que empezaba a colorearse de un rojo y marcarse de las orillas donde el fuete fue pasado.
-¿E-Está bien? - preguntó, mirando la marca recién hecha con el artefacto.
Alejandra abrió los ojos y asintió.
-Continua - Ana lo miró a los ojos unos minutos, recibiendo una sonrisa de Alejandra, y aquello, fue lo necesario para que Ana levantará el fuete y lo estrellara con fuerza en el otro bícep, dejando una marca igual. -Vamos, sé que puedes hacerlo mejor.
Ana tragó saliva un poco curiosa por lo que aquella fuerte mujer podía soportar.
-Acuéstate, por favor - pidió la pelinegra, sintiendo sus mejillas arder por decir tal orden.
Alejandra sonrió y asintió, pero antes, se encargó de quitarse el pantalón, quedando sólo en boxers, subió gateando a la cama y se acostó en medio de esta, mirando las acciones de Ana, quien hoy, llevaba puesto una sudadera rosa que cubría perfectamente su abdomen, mientras que sus piernas quedaban un poco descubiertas por la pequeña falda blanca que había elegido hoy, junto a unas medias blancas con un moño pequeño blanco, al final de dichas medias.
Ana se subió a la cama y se poso arriba suyo, se sentó sin cuidado alguno en su entrepierna, sacándole un jadeo, que no logro expresarlo como quería y le hubiera gustado, ya que soltó un gemido y jadeo aún más fuerte, debido al golpe que recibió por sus costillas.
-Sabes como hacerlo, ¿Eh? - Ana le devolvió la sonrisa.
-También sé hacerlo, ama - sonrió, dejando un poco anonadada a Alejandra, quien no había visto aquella sonrisa tan bonita por parte de Ana.
Pero dejo de apreciarla cuando otro golpe fue dado, está vez, siendo más fuerte y justo en su hombro. Ana, en un rápido movimiento, bajo el bóxer de Alejandra, importándole poco tener la mirada sorprendida de ella sobre suyo. Flexionó una pierna, y saco su braga de una sola pierna, dejando sólo un lado puesto, hizo a un lado aquella prenda y tomo el miembro de Alejandra, guiándolo a su entrada y dejándose caer de golpe, sacándole un gemido a Alejandra y a ella.
Ana echó su cabeza hacia atrás y dejo escapar un agudo y fuerte gemido, mientras las palmas de sus manos se recargaban en el fuerte y muy marcado abdomen de Alejandra. Las embestidas no tardaron en llegar, Alejandra flexionó sus piernas y empujaba su pelvis hacia arriba, haciendo que Ana se recostara un poco en su pecho y fuera penetrada con fuerza por ella.
Alejandra miró el rostro extasiado de ella, cuando una idea cruzó por su cabeza.
-Asfíxiame - pidió, sin dejar de penetrarla, Ana negó con la cabeza, aún en medio de su placer que recibía. ¿Cómo podía pedirle aquello? ¡Podría matarla si aplicaba mucha fuerza! -¡Joder, hazlo!
Ana miró el rostro molesto de Alejandra, así que no le quedó de otra que obedecer su pedido. Sus manos recorrieron su pecho hasta llegar a su cuello, el cual rodeó con sus dedos y empezó a presionar un poco, sin querer lastimarla realmente.
-Más fuerte - ordena, levantó con fuerza su pelvis, haciéndola jadear y gemir al instante. Debido a eso, Ana se sintió aún más excitada y quiso liberar de alguna forma aquella excitación y bueno, apretó aún más el cuello de Alejandra, quien abrió su boca en busca de un poco de aire.
Las piernas de Alejandra se estiraron y ahora, fue Ana quien flexionó las suyas y empezó a embestirse por sí sola. Alejandra trataba de aguantar lo más posible, pero cuando notó que Ana no tenía idea de soltarla, posó sus manos en las muñecas de ella, tirando de estás, pero fallando en el intento, pues la falta de aire, había dejado sin fuerzas sus extremidades.
Justo cuando pensó que se desmayaría por aquel agarré, una liberación hizo que su espalda sintiera escalofríos, su vientre apretó con fuerza y soltó con la misma, sintió tanto placer que incluso, no supo cuando Ana lo había soltado finalmente, disfrutando de aquel poderoso e inigualable orgasmo.
Miró a Ana, quien trataba de tomar aire y mantenerse tranquila encima suya.
Y sintió un latido en su frío y tosco corazón, uno que sufrió una pequeña partitura, al ver a Ana de esa forma.
Y un miedo se apoderó de ella.
