Escritora's Pov
Alejandra alzó la cabeza al escuchar la puerta de la entrada abrirse y cerrarse, seguido, unos tacones chocar contra la cerámica y finalmente, ver a su radiante esposa sonreír mientras cargaba su bolso de mano.
-Uh, llegaste antes - mencionó, dándole una mirada de reojo al reloj de la sala.
-Sí, terminamos finalmente - Ana dejo su bolso en el sofá y se sentó de golpe a lado, soltando un suspiro de alivio. -Tay simplemente va a ordenarles a los ayudantes a pintar, ¿Puedes creer que el doctor Jeon estaba ayudando? - preguntó de repente, ganándose una mirada un poco confusa de Alejandra.
-¿El doctor Jeon? Pensé que no iría hasta que todo estuviera listo, ¿Ustedes lo llamaron? - Ana nego con la cabeza y frunció un poco su entrecejo, encontrando un poco raro aquello. Hizo un pequeño puchero y miro de reojo a Alejandra, y ella, dándose cuenta de su mirada, sonrio y suspiro, apagó la tableta que tenía en manos y la miró. -¿Qué es lo que estás pensando, eh? - preguntó divertida, haciendo que Ana sonriera levemente.
-Quizás son imaginaciones mías, pero... - mordió levemente su labio inferior y tomo aire, antes de inclinarse un poco hacia ella y que nadie la escuchará. -Creo que a el doctor Jeon, le gusta mi hermano - susurro.
Alejandra abrió los ojos sorprendida y miró a Ana, sin poder creerlo.
-Le gusta - tanto Ana cómo Alejandra pegaron el brinco de sus vidas, soltando maldiciones por separados. Ana puso una mano en su pecho, tratando de contener que su corazón se saliera de su pecho, mientras que Alejandra, daba inhalaciones y exhalaciones por el susto.
-Dios mío, casi nos matas, Lay - murmuró casi en un hilo de voz, Ana. -¿De dónde saliste? - preguntó, debido a que no la había escuchado venir y mucho menos la había visto, entonces eso fue un doble susto mortal.
-Estaba detrás del sofá, desde que llegaste - señaló el lugar al que decía, sin muchos ánimos.
-¿Y que hacías ahí? - ahora fue turno de Alejandra, quien apenas se le estaba pasando el susto.
-Pues...se escapó la señorita Adele - vos fruncieron el entrecejo.
-¿Señorita Adele? ¿Quién es esa señora y por qué está en nuestra casa? Para empezar, ¿Por qué estaba aquí? - indagó Alejandra, un poco confundida, su pequeña Layla no solía traer a nadie a casa.
-Mamá Ale, la señorita Adele, no es una persona - aclaró la castaña.
-¿Entonces? ¿No me digas qué...?
-La señorita Adele, es mi rata - Ana abrió los ojos sorprendida y miro hacia abajo, notando que la pequeña Layla había posado su mirada al decir eso. Al hacerlo, pudo ver a una rata blanca con los ojos rojos estar debajo de la mesa de centro. -Uh, ya la encontré - sin más, se agachó y tomó a la pequeña rata blanca entre sus manos y se marchó, subiendo las escaleras sin importar que sus padres estaban en un pre-infarto.
La sala se quedó en completo silencio por un momento, hasta que Alejandra lo rompió.
-La señorita Adele es un poco... - aflojó el nudo de su corbata y soltó un suspiro.
-Peculiar - acompleto An, volviendo en sí y mirando a Alejandra.
-Sí, eso.
-¿Y los niños? - preguntó, recordando a los gemelos debido a Layla, quien ahora ya veía que estaba bien.
-Mi madre vino en la mañana y se los llevo, mencionó que los llevaría de compras con papá, no quieren separarse de ellos por nada del mundo - suspiro.
-Me alegro que los hayan aceptado...por un momento creí que no les agradaría la idea de que adoptamos - Alejandra negó con la cabeza y se levantó, rodeo la mesita y se sentó a lado de Ana.
-Ellos no son así, son más amables de lo que parecen.
-Lo sé, lo descubrí cuando los ví abrazar a mis pequeños con tanta emoción - Ana recargo su cabeza en el pecho de Alejandra y soltó un suspiro, mientras que Alejandra, la rodeo con sus brazos y así se mantuvieron un rato, hasta que Ana recordó algo y rompió el abrazo. -Por cierto, queria hablar de algo importante contigo.
-Uh, ¿De qué se trata? - preguntó.
-Ahora que tenemos a los pequeños, creo que deberías de deshacerte del cuarto rojo, ¿No crees? - aquella pregunta lo hizo cuestionarse profundamente. -Quiero decir, ellos van a crecer y pueden llegar a tener curiosidad por esa habitación, en un descuido, pueden entrar ahí y realmente sería un poco... vergonzoso - las mejillas de Ana se tiñeron un poco de rosa.
-Tienes razón, ya no podemos tener una habitación así ahora que tenemos hijos, uhm... - mordió su labio inferior y miro perdidamente el piso, pensando y buscando una solución al mismo tiempo. -¡Ya sé! - dijo, un poco emocionado con la idea que había tenido. -Hagamos esto; tirare todo y dejaré vacía esa habitación, para ocuparla cómo biblioteca para Layla y cuarto de estudio, ¿Qué te parece? - preguntó con una sonrisa, esperando la respuesta de Ana, quien sonrió.
-Es una buena idea - acepto, pero su actitud cambio y sonrió un poco coqueta. -Oye, ¿Y si le decimos a tu mamá que si cuida de los niños este fin de semana para que tengamos nuestra última noche en ese cuarto? - alzó ambas cejas, sacándole una sonrisa a Alejandra.
-¿Estás segura? No quiero lastimarte como lo hice en algún momento, no me lo permitiría - negó, sin perder aquella suave sonrisa que había adoptado.
-Tranquila, al final, pude adaptarme a tí y...verle el placer en este juego, así qué, ¿Te parece bien darle su adiós definitivamente a ese cuarto? - Alejandra soltó una risita y asintió.
-Definitivamente eres una pervertida de lo peor - pellizco con suavidad su nariz y rió junto a ella.
-Nos parecemos en algo, cariño.
