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                    Escritora's Pov

Alejandra arrojo las llaves del auto a la mesa, y se dispuso a subir las escaleras para ir a su habitación y darse una ducha, pero una mano sujeto tímida y suavemente su brazo, ella rápidamente miró a Qna, quién le sonrió suave.

-¿Sucede algo, cariño? - preguntó en un tono suave, sin intenciones de hacerla sentir mal.

-Yo...¿Puedo hablar contigo? - Alejandra rápidamente acepto, porque no dudaría en escuchar algo que Ana tuviera que decirle.

Ambas caminaron en silencio hasta la sala, en dónde tomaron asiento en el cómodo sofá y Alejandra espero pacientemente a Ana, quién parecía estar a punto de hablar, pero sé arrepentía, fueron tres veces más y Alejandra supo que ella debía de entablar la conversación que ya sabía que tendría.

-El señor Marco y yo, hemos sido amigos por años, él me vio tomar puesto de la empresa y me ayudó en lo que pudo, después de eso, no lograba sacarlo de mi oficina, no me molestó, al contrario, me hizo sentir en confianza y no me dejó sentirme solo - Alejandra sonrió de lado, tomó aire y volvió a hablar. -Poco después de mantener nuestra confianza, él me contó la historia que vivió de joven y lo arrepentido que estaba, yo ya sabía la historia incluso antes de conocerte - sus ojos cafés chocaron con los de Ana, quién asintió con suavidad. -No puedo decirte la historia que él me contó, porque es un tema que ustedes dos deben de hablar y un tema del cual no puedo meterme, porque no me incluye de ninguna manera - explicó.

-¿Es por eso que no me dijiste nada cuando sabías que yo era su hija? - Alejandra asintió.

-Sí, porque no me correspondía decírtelo y menos, siendo un tema ajeno a mi persona, claramente, prometí ayudarse a reencontrarse, pero veo que no fue de una manera muy grata y lo siento - Ana negó con la cabeza y no dudo en acercarse a Alejandra, abrazarla por su torso y recargar su mejilla en su pecho, Alejandra la rodeó con sus brazos, sonriendo y soltando un suspiro de alivio. Por fin se habían reconciliado.

-Gracias y lo siento - murmuró avergonzada, sin soltarse del cálido abrazo en el que estaban.

-¿Por qué agradeces y después lamentas? - soltó una suave risita, contagiando a Ana.

-Gracias por no decírmelo y mantener mi privacidad en el tema; y lo siento por haberte lanzado el teléfono en el ojo - finalmente, Ana levantó la cabeza, recargando su barbilla en el pecho de Alejandra y mirándola desde una diferencia de altura. -Se ve feo el moretón, lo siento - puchereo.

Alejandra rió y subió una mano hasta posarla en la mejilla de Alejandra y la acarició con ternura.

-Está bien, no te preocupes, no duele - le brindo una sonrisa de ánimos.

-¿Ah, no? - preguntó inocente. Ana dejo de rodear su torso con una mano y la subió hasta su ojo, dónde presionó levemente, sacándole un grito de dolor a Alejandra.

-¡Ana! - se queja y Ana se rió.

-Pensé que no dolía, mister musculosa - sonrió y Alejandra bufó.

-Pues no, pero si lo presionas sí - se hizo la ofendida y Ana la volvió apretar en un abrazo, pegando con fuerza su mejilla en el pecho de ella.

-Te amo Alejandra, gracias por estar conmigo en mis momentos más difíciles - Alejandra acaricio su cabello y dejo un beso en su coronilla.

-Eres mi esposa y la mujer que se robó mi corazón, sería una estúpida si no estuviera en tus momentos malos.

Ambas se quedaron un rato abrazados, sintiendo la calidez, seguridad y amor que se transmitían en medio del silencio y las suaves caricias. Hasta que Alejandra recordó algo, no quería entrometerse más en el tema, pero debía de saber lo que Ana haría ahora, más que nada, para no estar preocupado tanto como por su esposa, como por su amigo y casi hermano; Marco.

-Cielo - Ana hizo un suave sonido con su garganta, afirmando estar escuchándola. -No quiero ser entrometido ni nada, pero...¿Qué harás con Marco? Quiero decir, ahora que sabes que es tu padre - Ana soltó un suspiro y rompió el abrazo suavemente.

-Me tomaré un tiempo para pensarlo bien, cuando sea el momento, hablaré con él y escucharé todo lo que tenga que decirme, después, veré si lo perdonó o termino toda relación que tenga conmigo, aclarandoselo de la mejor manera para terminar los lazos que nos unan - explicó.

Alejandra asintió y comprendió a su querida esposa.

-Me parece bien. ¡Por cierto! En la mañana hablé con la directora de un orfanato y bueno, mañana podremos ir a dejar las cosas - informo, viéndose un poco tranquilo y feliz por regalarle algo a quien realmente lo necesitará.

-Está bien, mañana iremos a donar las cosas.

Ana asintió con una suave sonrisa.

Por fin estaban dejando ir a su pequeño, para iniciar una nueva vida como familia.

365Donde viven las historias. Descúbrelo ahora