Miro la bandeja de galletas de vainilla recién horneadas. Es lo único que me sale bien en cuanto unir harina con mantequilla y huevos se requiere.
Toco la puerta un par de veces y desearía que los muros del castillo no estuviesen insonorizados. No puedo escuchar nada al otro lado. Siempre he podido escucharla entre las paredes, siempre.
Y amaba eso.
Tomo aire y toco una vez más.
—Soy yo, Persia. Ábreme.
No consigo respuesta, por lo menos no una que pueda escuchar.
Esto era increíble. Con la operación contra el Imperio tan cerca, la boda y cuidar de las alianzas, me sentía ansiosa. Klaus estaba en la punta del continente y todo gracias a que su mate no quería ni verlo y lo peor, esa mate era mi mejor amiga. La cual, en realidad, no deseaba ver a nadie.
Ian había querido hablar con ella pero yo lo había espantado de inmediato. No quería más líos, necesitaba paz. Por los dioses, necesitaba paz y disfrutar de mi Marcos.
—Habla conmigo por favor, no voy a juzgarte. Solo necesito saber que estás bien.
Apoyo mi frente sobre la puerta sintiendo un sabor agridulce en mi lengua. Me sentía dividida, porque sinceramente los comprendía a ambos.
Por un lado Persia, que aunque amaba mi mundo seguía siendo humana. No hay en su sistema, algo o alguien que le indique que Klaus es su compañero eterno. Y luego, estaba Klaus, quien venía de dos naturalezas diferentes. Ambas regidas por sensaciones y lazos que provienen del cielo.
—Yo estoy aquí para ti, Pers. Sabes que te amo...
El click de la puerta suena y me aparto antes de irme de bruces hacia el frente. La chica que siempre me parecía una princesa y que ahora lo era debido a que tenía un príncipe, lucia decaída y muy desaliñada. Algo extraño en ella quien amaba lucir despampanante a cada hora.
Tenía grandes ojeras y el cabello revuelto en un intento de moño.
—Estoy bien —murmura.
—No, no lo estás.
Entro sin pedir permiso. Las cortinas mantienen la habitación oscura, la cama está revuelta como si hubiese pasado todos estos días solo allí.
—Te di dos días para que tuvieras tu espacio, pero no voy a quedarme de brazos cruzados como una tonta mientras te hundes en lo que sea que sientes ahora.
Dejo las galletas sobre una de las mesitas, luego me encargo de las cortinas dejando que entre un poco de luz.
—Quiero irme.
Me quedo como una estatua con la tela de las cortinas entre mis manos. Nunca había salido de los labios de Persia alguna palabra u oración que me golpeara, hasta ahora.
Le doy frente. Tiene los ojos llenos de lágrimas y el camisón blanco que la cubre hasta las rodillas le da un toque más triste a su aspecto desanimado.
—¿Cómo?
—Quiero irme, no sé... a casa de mi madre o a Grecia otra vez.
Es mi turno de llorar. Me acerco a ella rápido y tomo sus manos, sus dedos me acarician.
—Pers...
—No hablaba en serio, lo sabes. No quería un mate, no puedo lidiar con la realidad de amar a alguien que yo no he elegido —dice con voz rota.
Niego.
—No... Persia. No lo veas así... yo...
—No estoy enamorada de Ian, pero me agrada muchísimo. Y no voy a quedarme aquí sabiendo que no puedo verlo... porque tampoco quiero estar con... con el vampiro.
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Amando Al Rey © [ L. I. 2 ]
WerewolfIsabella odia el lazo de Mates. Cree que por esa tontería perdió al amor de su vida. Nicolas Ross. Ha estado enamorada de él desde que tiene memoria y guardaba la esperanza de que todo aquello que sentía con tanta intensidad, fuera por que él sería...
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