Capitulo 42: Daisy Bourque

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Nunca te fuiste porque siempre te encontré en el cielo. En las Estrellas que habitas, en los recuerdos que faltas.

Magnus.
(Mi pobre lobito)🥺

👑

—¿Cómo fue qué terminaste hechizado?—pregunto acariciando su pecho con mi dedo.

Nos encontramos frente a frente. Acostados totalmente desnudos sobre la alfombra, con nuestras piernas enredadas.

Y no lo iba a negar, parecía un sueño.

—No es algo que me enorgullezca.

Su brazo alrededor de mi cintura me acerca a él, sus labios dejan besos sobre mis párpados cerrados.

—¿Por qué?

Sus pulmones se desinflan.

—Mi hermano decidió aparecer cuando cumplí los dieciocho, pero él sabía que ya no era un niño. Ya no tenía miedo y Giotto estaba conmigo ésta vez —su voz se apaga—. Usó a alguien muy cercano a mí para engañarme.

—¿A quién? —él se ríe.

—Eres demasiado curiosa...

—Dijiste que me contarías todo.

Se queda en silencio varios segundos.

—A una mujer... —algo dentro en mi interior se enciende, busco su mirada—. Lo veo en tus ojos, es mejor dejar...

—Ni se te ocurra. Dime.

Hace aquel gesto con su boca que lo hace lucir chistoso, era algo que no había hecho antes y que ahora sabía era propiamente suyo, y yo lo adoraba. Le pincho las costillas, blanquea la mirada y en otro momento me hubiese reído porque es extraño verlo hacer ese tipo de cosas.

Pero ese era el Marcos de antes, el que estaba encarcelado.

—Había una chica que quería mucho, estaba muy joven como para tomar en serio eso de que era el amor de mi vida, pero era importante... —se encoge de hombros restandole importancia. —Pero con el tiempo llegué a amarla, es decir, siempre es lindo poder contar con alguien, y que te escuche y que te comprenda... No voy a alargar la historia porque me niego a revivir aquel entonces.

Dirige sus dedos a mi flequillo, retirándolo de mi frente, viéndome con demasiada luz dentro de sus ojos.

El corazón se me detiene y me auto obligo a concentrarme.

—Una noche, esa chica que amé, me llevó una taza de té. Eucalipto y miel, mi favorito. Nunca imaginé que el liquido caliente estaría encantado y que serían las manos de mi novia las que me lo darían.

Sus cejas están fruncidas en un gesto aburrido. Lo intenta, pero lo noto, quizás no le duele ahora pero recién tiene tiempo de poder sentir el mal sabor de una traición.

—¿La conozco? —me mira de inmediato.

—¿Por qué el interés? Pasó hace mucho.

—¿La conozco?

Arruga la nariz pensando muy bien su respuesta.

—Quizás...

—¿Quién es?

—No voy a decirte Mía, no soy estúpido.

Gruño en descontento.

—No haré nada —él niega, los rizos agitándose por el movimiento. Me levanto haciéndolo girar. Mi rostro queda a centímetros del suyo—. Dime...

Amando Al Rey © [ L. I. 2 ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora