Capitulo 42

1.1K 42 10
                                        

Aria

Hacía tiempo que no dormía tan plácidamente. Cuando me desperté, noté un peso enorme sobre mi cuerpo, junto con un olor familiar a perfume y tabaco.

Alexandro dormía profundamente sobre mí, su respiración calmada rozaba mi cuello. Había algo en su presencia que me hacía sentir una tranquilidad extraña, como si, por un instante, todo estuviera bien en mi mundo. Tal vez era su olor, o tal vez era él mismo. Lo había echado tanto de menos... Tenerlo tan cerca removía emociones que creía enterradas.

Sin embargo, mi breve momento de calma fue interrumpido por un golpe en la puerta. Mi cuerpo se tensó. Alexandro gruñó ligeramente en su sueño, sin moverse. Con cuidado, deslicé su brazo de mi cintura y me levanté para abrir.

Cuando abrí la puerta, me encontré con una mujer. Era alta, de cabellos oscuros y recogidos en una trenza impecable. Sus ojos, de un tono gris pálido, eran fríos e insondables. Vestía completamente de negro, como si el color fuera una extensión de su aura.

—¿Aria Dmitrev? —preguntó, aunque no parecía necesitar confirmación.

—¿Quién lo pregunta?

Sin responder, extendió una mano enguantada hacia mí. Sostenía un sobre negro sellado con cera roja en forma de un cuervo. Antes de que pudiera reaccionar, la mujer dio un paso atrás.

—Tu tiempo está contado —susurró antes de desaparecer en la noche.

Cerré la puerta apresuradamente, con el corazón latiéndome en las sienes. Sentí el peso del sobre en mi mano como si cargara con mi propia condena. Alexandro seguía dormido, ajeno a lo que acababa de suceder. Me senté al borde de la cama y rompí el sello con manos temblorosas.

La carta contenía pocas palabras, pero cada una de ellas cortó como una daga:

"Aria. Ethan de momento está bien . Lo sé porque está en mis manos. Por ahora, está intacto, pero todo depende de ti si permanece así. No creas que puedes confiar en cualquiera que te rodea; incluso las personas que amas pueden traicionarte.
Si lo quieres de vuelta, ven sola antes de la próxima luna llena a la mansión de Damon . Si no cumples, Ethan pagará el precio.
Nos veremos pronto.
El Cuervo."

Leí las palabras una y otra vez, sintiendo que el aire abandonaba mis pulmones. El alivio de saber que Ethan estaba bien, después de tantos meses sin saber de el, se mezclaba con el horror de lo que podría sucederle. No podía confiar en nadie... ni siquiera en Alexandro.

Me puse de pie con brusquedad, dejando la carta sobre la mesa. Necesitaba respuestas, y solo había una persona que podía tenerlas. Damon.

La sala de tortura estaba fría y oscura cuando entré, y el sonido de las cadenas me hizo estremecer. Damon estaba allí, colgado y herido, pero aún tenía esa maldita sonrisa arrogante.

—Bueno, bueno... si es mi pequeña bizcochito. —Su voz era rasposa, pero no perdió el tono burlón.

—Damon —le dije, mi voz firme a pesar de que mi interior era un torbellino—. Voy a hacerte solo una pregunta, y espero que tengas suficiente cerebro para responderla correctamente.

Él rio, escupiendo un poco de sangre al suelo.

—¿Me echaste de menos? Porque yo a ti sí. Todas esas noches... ¿Sabes? Siempre me pregunté si alguien más podría disfrutar de ti tanto como yo lo hice.

El rostro del enemigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora