Aria
Una bomba. Acababa de explotar una bomba. Si no hubiera sido por Alexandro, estaría muerta. El calor todavía me quemaba la piel, y el zumbido en mis oídos no dejaba de aturdirme.
¿Por qué a mí?
Ethan estaba muerto. Mi hermano, mi mellizo. La mitad de mi alma arrancada de golpe. Pero ellos decían que era malo, que había hecho cosas horribles. Me niego a creerlo. No puedo. Ethan era protector, valiente... nunca hubiera hecho daño a nadie.
Entonces recordé el último mensaje que me envió, hace semanas. Un mensaje extraño, que no había logrado descifrar:
"Ten tus ojos fijos en tus enemigos, mientras tus amigos te traicionan."
Esas palabras me perseguían desde entonces, pero ahora cobraban un significado más oscuro, más cruel.
—¿Por qué Ethan? —susurré, sintiendo las lágrimas caer sin control—. ¿Por qué él?
—Aria... —Alexandro se agachó frente a mí, colocando sus manos en mis hombros. Su mirada, intensa como siempre, parecía buscar algo en la mía—. No tenemos tiempo para esto ahora. Tienes que levantarte.
—¿Para qué? —lo empujé débilmente, mi voz rota—. ¿Para seguir huyendo? ¿Para escuchar más mentiras sobre él?
—No son mentiras. Ethan era parte del Cuervo.
La franqueza de su tono fue como una bofetada. Lo miré, mi cuerpo temblando, incapaz de aceptar sus palabras.
—No. No lo creo.
—No tienes que creerlo, Aria. Pero es la verdad.
—¡No sabes nada! —grité, apartándome de él. Mi rabia era una llama que me consumía—. Ethan era mi hermano, no tuyo. No puedes hablar de él como si lo conocieras mejor que yo.
Alexandro apretó la mandíbula, su mirada endureciéndose.
—Sé lo suficiente para saber que, si no salimos de aquí ahora, su lealtad al Cuervo te va a costar la vida.
Su tono era frío, cortante. Pero no pude ignorarlo, porque en el fondo sabía que tenía razón. Todo lo que había pasado —las explosiones, los mensajes, el maldito cuervo que explotó frente a nosotros— estaba conectado con Ethan, de una forma u otra.
—El Cuervo nunca deja cabos sueltos —interrumpió Marco desde la puerta, su arma aún lista—. Si Ethan murió, fue porque ya no les servía. Pero tú, Aria... tú eres su nuevo objetivo.
—¿Por qué yo? —pregunté, mi voz apenas un murmullo.
Marco intercambió una mirada con Alexandro antes de hablar.
—Porque eres la única que puede descubrir lo que Ethan hizo.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones. ¿Qué significaba eso? ¿Qué había hecho Ethan?
—No entiendo...
—No importa si lo entiendes ahora o no. Tenemos que irnos —dijo Alexandro, levantándose y tendiéndome la mano—. Si el Cuervo te quiere, es porque creen que sabes algo. Algo importante.
—Pero yo no sé nada.
—Eso es lo que ellos creen —respondió Alexandro, su mirada fija en la mía.
Su firmeza, su seguridad, me aterrorizaban. Porque, aunque no quería creerlo, sabía que Alexandro rara vez estaba equivocado.
Me llevaron al auto, nuevamente tratándome como una prisionera. El silencio en el vehículo era asfixiante, y cada vez que cerraba los ojos, veía a Ethan. Su sonrisa, su forma de tomarme el rostro cuando éramos niños, prometiéndome que siempre estaríamos juntos.
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El rostro del enemigo
RomanceAria ha vivido toda su vida atrapada en una espiral de tristeza, un peso que ha aprendido a cargar en silencio. Ha construido su imperio desde cero, enfrentando cada desafío sola, sin un alma que la apoye. Sin embargo, su mundo se sacude cuando se e...
