Aria
Unas semanas antes de que Alexandro llegara
Me sentía sucia después de todo lo que había tenido que aguantar de Damon y su hermano. Jugaban conmigo como si fuera un juego de niños, moviéndome de un lado a otro, sin que pudiera hacer nada para escapar. Cada palabra suya, cada toque, me dejaba una marca más profunda, no solo en mi cuerpo, sino en mi alma.
Pasaban los días, pero la sensación de estar atrapada en una pesadilla no desaparecía. El tiempo parecía arrastrarse de una manera insoportable, como si el mismo aire estuviera cargado con la opresión de lo que me estaba ocurriendo. Había días en los que me despertaba con la esperanza de que todo hubiera sido un sueño, solo para encontrarme de nuevo en esa jaula de sombras y mentiras.
Me limpiaba la cara varias veces al día, tratando de borrar las huellas de su abuso, pero no importaba cuánto lo intentara; siempre quedaba algo. Una sensación repugnante que me envolvía, que me hacía sentir pequeña, indefensa.
Mis manos temblaban al mirarme en el espejo, como si no reconociera a la mujer que me devolvía la mirada. No era la misma que antes, la Aria llena de vida, llena de sueños. Aquella había desaparecido, reemplazada por una versión rota de mí misma, que se arrastraba por los pasillos de la mansión, sin esperanza.
Cada vez que Damon me miraba, sus ojos llenos de burla y satisfacción, mi estómago se revolvía. Su hermano Eros, por otro lado, parecía estar jugando un juego diferente, uno mucho más peligroso. No era tan obvio en su crueldad, pero había algo en su mirada, algo en su silencio, que me aterraba aún más que las amenazas directas de Damon.
Estaba completamente atrapada, y lo peor de todo era que no sabía cuánto tiempo más podría resistir. Mi mente me decía que debía encontrar una forma de escapar, pero el miedo era tan fuerte que apenas podía pensar con claridad.
Había momentos en los que me sentaba en la esquina de mi habitación, abrazándome a mí misma, intentando recordar quién era antes de todo esto. Pero las imágenes de mi vida anterior se desvanecían rápidamente, como si hubieran sido borradas de la memoria, reemplazadas por las sombras que me rodeaban.
Alexandro... Mi única esperanza. Me aferraba a su nombre, aunque no sabía si aún existía una posibilidad de que viniera a rescatarme. Había sido mi refugio, mi salvavidas en un mundo que parecía haberse desmoronado. Recordaba su rostro, su voz, su risa... Todo lo que había sido real en mi vida antes de ser arrastrada a este infierno.
Me preguntaba si aún me recordaba. Si aún pensaba en mí como yo pensaba en él. Cada día que pasaba, me sentía más distante de ese mundo. Quizás él ya había olvidado quién era yo, o tal vez simplemente estaba demasiado lejos para llegar a tiempo. La duda me carcomía por dentro, pero no podía dejar que eso me venciera. No podía permitir que mi memoria de él se desvaneciera, no mientras tuviera fuerzas para luchar.
Damon y Eros, a pesar de su cruel juego, no sabían lo que realmente estaba en juego. Ellos solo veían a una prisionera, una pieza en su tablero. Pero yo sabía que podía ser más que eso. No iba a permitir que me destruyeran. No mientras quedara una chispa de resistencia en mi interior. Y si alguna vez esa chispa se extinguía, al menos habría luchado con todo lo que tenía.
El viento aullaba afuera, como si compartiera mi dolor, y aunque mi cuerpo estaba agotado, mi mente seguía buscando una forma de salir de allí, de encontrar una salida. Y entonces, en medio de mi desesperación, supe que no podía seguir esperando a que alguien viniera por mí. Si quería sobrevivir, tendría que hacerlo por mí misma.
— Hola bizcochito. — escuché la voz de Damon entrando a la habitación. Mirándome como un lobo mira a un cordero que esta a punto de comerse. Mierda cada vez que me miraba así me daba un escalofrío.
ESTÁS LEYENDO
El rostro del enemigo
RomanceAria ha vivido toda su vida atrapada en una espiral de tristeza, un peso que ha aprendido a cargar en silencio. Ha construido su imperio desde cero, enfrentando cada desafío sola, sin un alma que la apoye. Sin embargo, su mundo se sacude cuando se e...
