Aria
El suelo bajo mis pies estaba húmedo, resbaladizo, y caí varias veces, raspándome las rodillas y las palmas. Cada vez que me levantaba, escuchaba voces acercándose. No estaban muy lejos.
El bosque parecía interminable, un laberinto de sombras y susurros. A medida que me adentraba más, el aire se hacía más pesado y el dolor en mi costado comenzaba a ser insoportable. Sabía que estaba perdiendo sangre, pero no podía detenerme.
Finalmente, encontré un pequeño claro. Me dejé caer detrás de un árbol, tratando de recuperar el aliento. El mundo giraba a mi alrededor, y el zumbido en mis oídos era ensordecedor.
—No puedo... no puedo quedarme aquí... —murmuré para mí misma, obligándome a moverme de nuevo.
Y entonces lo escuché.
Un disparo. El sonido rebotó entre los árboles, y mi cuerpo se tensó. No sabía si me estaban persiguiendo o si alguien había visto mi rastro. Mi mente corría tan rápido como mi corazón.
Otra voz resonó en la distancia, pero no pude distinguir las palabras. Intenté moverme hacia el lado opuesto, pero el dolor era demasiado. Mis fuerzas me estaban abandonando.
Todo se detuvo cuando un tercer disparo cortó el aire, tan fuerte y cercano que pensé que mi pecho estallaría. El ruido retumbó en mi cabeza y, antes de darme cuenta, la oscuridad me envolvió por completo.
El viento helado azotaba mi rostro mientras corría entre los árboles. Las ramas arañaban mi piel, y el barro se adhería a mis pies descalzos. Mi respiración era errática, una mezcla de adrenalina y puro terror. No sabía cuánto tiempo llevaba huyendo, pero no podía detenerme. No podía permitirme parar.
Y entonces lo escuché.
—¡Bizcochito! —La voz de Damon resonó como un trueno entre los árboles, arrancándome un escalofrío que me recorrió la columna. Estaba cerca, demasiado cerca—. ¡Sal de donde estás, preciosa! ¡Sé que no te has ido muy lejos!
Mi cuerpo entero tembló al escuchar esas palabras. Él no me buscaba con desesperación, sino con un retorcido deleite, como si mi intento de escapar solo lo hubiera entretenido.
—¡Sabes que te voy a encontrar, cariño! —gritó de nuevo, y esta vez su voz venía de otra dirección, más cerca. Estaba jugando conmigo.
Tropecé con una raíz expuesta y caí al suelo, golpeándome el costado herido. Un grito ahogado escapó de mis labios, pero rápidamente me cubrí la boca con ambas manos. No podía hacer ruido.
Desde el suelo, levanté la vista y vi la silueta de una figura entre los árboles. No podía ser él... todavía no podía haber llegado. Pero, antes de que pudiera levantarme, un disparo rasgó el aire, y mi cuerpo entero se tensó.
—¡Ese ventanuco no era tan grande! ¿Cómo lo hiciste, eh? —Damon continuaba hablando, su tono burlón y peligroso—. No sabía que mi pequeña prisionera era tan creativa.
Mi corazón latía con fuerza mientras me levantaba lentamente, apoyándome en un árbol para mantener el equilibrio. Tenía que pensar rápido. No podía dejar que me atrapara.
—¡Vamos, bizcochito! —La voz de Damon sonaba más fuerte ahora, y podía escuchar cómo las hojas crujían bajo sus pasos—. Dame un poco de diversión. ¿No querías jugar? Pues aquí estoy.
Mi pecho se contrajo, y sentí que las lágrimas comenzaban a llenar mis ojos, pero me las limpié rápidamente. No podía permitirme ser débil.
Damon seguía gritando, y su voz rebotaba en todas direcciones, haciendo imposible determinar exactamente dónde estaba.
ESTÁS LEYENDO
El rostro del enemigo
RomanceAria ha vivido toda su vida atrapada en una espiral de tristeza, un peso que ha aprendido a cargar en silencio. Ha construido su imperio desde cero, enfrentando cada desafío sola, sin un alma que la apoye. Sin embargo, su mundo se sacude cuando se e...
